Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 30 de marzo de 2007
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Duelo al Amanecer
Juan Carrasco
Se antoja de lo más paradójico afirmar que John Ford, el incuestionable rey del western, se aleja de lo convencional del género en prácticamente todas las películas que le dedicó. Es precisamente su personal estilo de filmar, por encima de estereotipos y cánones lo que hace que hoy se recuerde como uno de los más grandes: soy “fordiano”, a la vista está, y lo afirmo sin ningún complejo. La pasión de los fuertes, o mucho mejor My darling Clementine, su título original, que tiene mucho más sentido en el contexto de la historia, refleja de personalísima manera y con numerosas licencias una de las múltiples visiones del famoso duelo de O.K. Corral, acontecido en la no menos famosa ciudad de Tombstone, en Arizona. Henry Fonda, uno de los mitos del cine que menos venero, interpreta majestuosamente (es de justicia reconocerle este mérito) a Wyatt Earp, antiguo agente de la ley de Dodge City y ganadero junto a sus hermanos, que acepta el puesto de sheriff de Tombstone cuando en las afueras matan a su hermano menor y le roban el ganado. Allí hará amistad con Doc Holiday, un diestro y afamado pistolero, y conocerá a la guapa Clementine, que acaba de llegar a la ciudad con un propósito muy claro… Fiel a su estilo, Ford rodea esta cinta con una delicada y poética atmósfera, no exenta de violenta realidad y del sentido épico de sus crepusculares protagonistas. Todo lo que los personajes callan, matizado por sus luces y sus sombras (en el sentido físico y metafórico de la expresión) hacen del guión y su puesta en escena un trabajo brillante y sencillo, que insinúa todo lo que se ve y resalta la profundidad del contenido, pero que no oculta dobles sentidos. Nunca nadie ha sacado tanto partido dentro de sus encuadres de escenarios tan yermos y desérticos. La naturalidad e importancia de escenas que deberían ser aburridamente cotidianas evidencia que estamos, interese más o menos la trama, ante una historia de personajes más que de sucesos, y un trabajo digno de ser respetado. En el film no destacan las escenas de acción, al contrario de lo que debería ser natural, sino el dominio de la delicadeza y del retrato de los detalles simples; muestras de todo ello tenemos en el personaje de Henry Fonda haciendo equilibrios sobre las patas traseras de una silla, su baile con Clementine, la contenida pero romántica despedida o, sobre todo, el mítico diálogo con el barman en el que Wyatt le pregunta si alguna vez ha estado enamorado, a lo que éste último responde “No señor, he sido toda mi vida camarero”, de un humor inteligente que se expone ahora a los alumnos de las escuelas de cine. Sin la fidelidad a la historia de otras revisiones como Wyatt Earp o el tostón de Tombstone, y un escalón por debajo de títulos del mismo John Ford como Centauros del desierto, El hombre que mató a Liberty Valance o La diligencia, esta película es el ejemplo de cómo una historia simplona y trillada puede ser engrandecida por el talento de un gran cineasta. Dirección: John Ford. Título Original: My darling Clementine. Guión: Samuel G. Engel y Winston Miller. Año: 1946. Duración: 97 min. Intérpretes: Henry Fonda, Linda Darnell, Victor Mature, Walter Brennan, Tim Holt, Ward Bond, Cathy Downs, Alan Mowbray, John Ireland. Música: Cyril Mockridge. Fotografía: Joseph MacDonald.
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