Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 9 de febrero de 2007
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Él no quería, oiga
Juan Carrasco
Hace falta ser muy hábil y muy valiente para rodar esta obra maestra de la ironía en plena época de represión en España (los grises años sesenta), dándole un pase de pecho tras otro a la censura con el disfraz de la metáfora y el humor negro. La bien catalogada por la historia como la mejor comedia española que se ha hecho trata un asunto tremendo como la pena de muerte (vigente en el país en aquel momento sociopolítico franquista, no lo olvidemos) con exquisito humor, a la vez de con la seriedad que se merece el asunto, y una cotidianidad sólo alcanzable por catedráticos del cine como Berlanga y Azcona. Gran parte de la grandeza de la obra reside en que no es en absoluto necesario haber vivido esas convulsas fechas para entender las entrañas y la realidad de entonces en este país que nos relata el maestro por medio de esta tragicomedia costumbrista, pero también de total vigencia en nuestros no menos convulsos tiempos. Un impresionante y genial (como siempre, con una facilidad sobrehumana para la naturalidad y la cercanía delante de la cámara) Pepe Isbert encarna a un verdugo (“si existe la ley, alguien tiene que ejecutarla, ¿no?”) a punto de jubilarse que decide traspasarle el “negocio” y de paso el chollo a su futuro yerno; éste es un empleado (también genial Nino Manfredi) de pompas fúnebres aprensivo y bonachón que no sabe cómo ha acabado en aquella situación y al principio del relato sólo quería “irse a Alemania a vivir mejor” (con todo el significado de la metáfora). Ambos actores se ven acompañados por una selección de otros maravillosos intérpretes como Emma Penella, José Luis López Vázquez (improvisando deliciosamente como sólo un grande sabe), Maria Luisa Ponte, Alfredo Landa o Chus Lampreave. La historia muestra la destrucción de un hombre desde dentro, la incapacidad de negar el destino que le es impuesto, y la delirante situación de un ejecutor pacifista cuyo mayor anhelo es el indulto del reo, porque lo único que tiene claro, o al menos eso es lo que cree, es que se niega a ser la mano que mate a nadie. Y mientras sentencian al primer preso, su futura esposa y su suegro lo animan a vivir del sueldo público y aprovechar el piso que le facilitan por ser empleado del Estado, que la cosa no está para desperdiciar una vivienda por una tontería como los principios. Víctima de lo que le rodea, el pobre hombre va cediendo hasta verse en un delicado punto sin retorno. El realizador despliega inteligencia con generosidad y hace gala de una gran habilidad para asociar esa enorme cantidad de planos secuencia con la claridad del blanco y negro, para obtener como resultado un trabajo inigualable que se erige como mucho más que un alegato contra la pena de muerte: refleja el peligro de decir sí, y mira a través de los cristales opacos de varias generaciones que pasaron por aquellas épocas difíciles en nuestra ahora moderna España. No se trata ésta de una obra imprescindible, sino obligada del cine, y quien no la haya visto debería poder ser acusado de cometer delito contra la memoria histórica (ahora que está tan de actualidad) y contra el buen gusto. ¡Corred al videoclub, delincuentes! Director: Luis García Berlanga. Año: 1963. Duración: 87 min. Guión: Rafael Azcona, Luis García Berlanga, Ennio Flaiano. Música: Miguel Asins Arbó. Fotografía: Tonino Delli Colli. Intérpretes: José Isbert, Nino Manfredi, Emma Penella, José Luis López Vázquez, Ángel Álvarez, María Luisa Ponte, María Isbert, Julia Caba Alba.
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