Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 26 de febrero de 2007
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Pues bueno, pues vale...
Juan Carrasco
El show de la entrega de los Oscar sirve siempre para que unos saquen pecho al ver su peli favorita del año encumbrada (si la escogen “los que saben”, por algo será, que se dice), o para que los que discrepen de las decisiones se acuerden precisamente en esa ocasión de que todo este tinglado no es más que una patochada subjetiva, cateta e interesada. Yo voy a procurar no posicionarme de forma tan radical, pero tengo que admitir que me he quedado con la sensación de “ni fu ni fa” que te provoca el no estar demasiado de acuerdo con mucho y tampoco haberte divertido demasiado, esto ultimo más grave, ya que se supone que de ello se trata. Como se preveía, los premios han estado repartidísimos, y si nos debemos quedar con algo es con la decepción de Babel -solamente un Oscar a su banda sonora, en una floja categoría este año-, que partía como gran favorita, y el premio honorífico en forma de mejor director, guión adaptado, edición y mejor película para el pequeño gran Martin Scorsese. Lo que pasa es que compensar tantas otras ocasiones en las que se ha quedado en puertas dándole este año todo lo que han podido “porque iba tocando hace mucho” es un justo reconocimiento a su carrera, pero una barbaridad al mismo tiempo, ya que Infiltrados no es en absoluto ni la mejor película de este director, ni tampoco la mejor cinta del 2007; pero cuando salieron Lucas, Spielberg y Coppola a entregar el Oscar al mejor director atufando a “todo el pescado vendido”, no hace falta ser muy listo para intuir que esta iba a ser la ceremonia del menos afortunado de la generación de oro de Hollywood. Pues bueno, pues vale. Por lo demás, e intentando no aburrir al respetable con datos y más datos, hay que destacar los tres galardones para El laberinto del Toro, digo del Fauno a las mejores dirección de fotografía, dirección artística y maquillaje, con presencia de españoles en estas dos últimas. Porque muchos son los que han ejercido de demagogos apuntándole el éxito patrio a la estupenda cinta de Guillermo del Toro, que consta con mayoría de capital y participación españoles, pero el director es mejicano, la cinta ha sido presentada por Méjico, y sólo los éxitos de los colaboradores españoles son premios españoles: las cosas como son. Nuestros otros tres compatriotas candidatos se han quedado fuera del palmarés: Javier Fesser y Borja Cobeaga en la categoría de cortometraje, y Penélope no ha podido con Helen “The Queen” Mirren, que se ha llevado a casita el cantado y merecido Oscar a la mejor actriz. Igualmente esperado y merecido el de Forest Whitaker por su interpretación del monstruosamente atractivo Idi Amin de Uganda, también conocido como El último rey de Escocia. La gala estuvo sosa, con mucho glamour, eso que no falte, y los mismos figurones encantados de conocerse pululando por la tarima: pudimos verle el palmito a Tom Cruise, que se reencontró con sus dos últimas ex, que nada más dejarlo empezaron a coquetear con tito Oscar, también vimos a George Clooney seductor, a la catorce veces nominada Meryl Streep, leyenda viva y coleando, o a Jack Nicholson con la cabeza afeitada (espantoso, por cierto) y sus gafas negras de toda la vida. Si no hay más remedio que quedarse con algo, hay que destacar al ex vicepresidente Al Gore (su documental ganó) haciendo creer a todo el auditorio en broma que iba a presentar su candidatura a la presidencia otra vez, la carita de indigestión que se le quedó a Eddie Murphy sin su premio y los momentos emotivos; incluso éstos fueron menos y de menor intensidad que otros años, y ni el Oscar honorífico al gran Ennio Morricone o las lágrimas de Jennifer Hudson al recoger el reconocimiento de que, efectivamente, es lo único que merece la pena en la canción de más de dos horas que es Dreamgirls estuvieron a la altura del espectáculo de sombras chinescas tras una pantalla blanca de unos acróbatas que sí que hicieron las delicias del espectador, pero que nada tenían que ver con las cintas candidatas. Y ya van dos años seguidos con poca chicha…
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