Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 16 de febrero de 2007
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El otro Wilder
Juan Carrasco
Es cierto que con Berlín Occidente no tenemos entre manos una de las obras consideradas más importantes de la filmografía de Billy Wilder. Claro que hay que tener en cuenta que ya quisiera hoy la mayoría de los creadores firmar cualquiera de los trabajos “de segunda línea” del gran maestro del cine. La suavecita y poco convincente historia romántica entre un capitán de la armada americana asentada en Berlín tras la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial y una congresista que se traslada allí para observar la moral de las tropas no se encuentra a la altura de obras de arte como Con faldas y a lo loco, El crepúsculo de los dioses o, sobre todo, El apartamento. Sin embargo, la trama principal y base de la historia, no es el aspecto más interesante a tratar de este film. La mala leche de Wilder condensada en gotitas de ácido filmídrico se muestra en plenitud con la tremendamente crítica visión de la aportación de los Aliados en la posguerra a la reconstrucción de Berlín y de los valores del pueblo alemán, más ocupados de “confraternizar” con las fräuleins y de no aburrirse en su largo periodo de vacaciones en Alemania que de cualquier otra cosa. Especial belleza tiene el portentoso tour por un país devastado que el realizador le regala con extremada habilidad al espectador, siguiendo el vehículo de los congresistas, que observan al mismo tiempo que nosotros al titán alemán de rodillas y expectante, encarnado en sus iconos urbanísticos en ruinas. Tan desoladora como hermosa composición que es retratada en la gran pantalla con los ojos de un gran artista y el espíritu de un historiador. Y hablando de artistas, hay que resaltar necesariamente la participación de una de las mayores estrellas de todos los tiempos, y la sensación de la época; nada menos que Marlene Dietrich, el otro gran punto de interés de la película, que interpreta a una cantante “amiga de los nazis” que ha engatusado al protagonista masculino en busca del mejor nuevo estatus posible, y que se interpone en el casto, puro y perfecto amor americano entre la congresista y el militar. La interpretación de la gran diva alemana derrocha esa fuerza que siempre le caracterizó, e incluso deleita al personal dentro y fuera de la pantalla con algunos números musicales en los que luce su voz inconfundiblemente peculiar y su soberbio magnetismo hacia la cámara. La Dietrich se hace ama y señora de la cinta desde que aparece por primera vez y sólo un idiota o las exigencias del guión escogerían a la mojigata americana. Como decía Leonard Cohen: “…then we’ll take Berlin”, pero, ¿qué se hace con una ciudad después de ser ocupada? Ese tema siempre ha resultado secundario para cualquier ejército involucrado en una guerra, y así le ha ido al mundo… Título Original: A Foreign Affair. Año: 1948. Duración: 116 min. Director: Billy Wilder. Intérpretes: Jean Arthur, Marlene Dietrich, John Lund, Millard Mitchel, Peter von Zerneck, Stanley Prager, Bill Murphy, Raymond Bond. Guión: Charles Brackett, Billy Wilder, Richard L. Breen (Relato: David Shaw).
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