Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 29 de enero de 2007
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¡Peeeeedrooooooo!
Juan Carrasco
En la entrega de los Goya más internacional que he vivido los premios han estado (como se preveía vistos los enormes candidatos) muy repartidos, y han dejado dos grandes triunfadores: la mágica y dura El Laberinto del Fauno y, sobre todo, Volver.

El estilo de la gala denota que el cine español sigue diciendo a gritos: “de mayor quiero ser Hollywood”, pero en lo más profundo, creo que este año han cambiado algunas cosas, y para bien. Y este cambio de mentalidad al que me refiero ya se empieza a vislumbrar desde el principio con la sobria intervención de Ángeles González-Sinde, la nueva Presidenta (no “famoseta”) de la Academia, en la que aboga por un cine de todos, en una gala en la que se hable sólo de cine, que para eso está, y deseando, textualmente, que nadie sea esclavo de las ideas ajenas. Sencilla, contundente, elegante y para buenos entendedores.

La vertiginosa ceremonia –estaban escarmentados con el eterno tostón del 2006 y se han pasado de dinamismo por si las moscas- ha sido conducida por José “Homo Zapping” Corbacho, al que se ha visto de menos a más, algo nervioso y soso como presentador, pero en su salsa en los refrescantes sketches, demostrando lo gran imitador que es; momento estelar cantando “Soy Minero” con esa chaqueta blanca estampada con una explosión de premios Goya.

Luego comienza el desfile de obviedades con Penélope Cruz (que sea obvio no quiere decir que sea menos merecido), principal, y Carmen Maura, secundaria, en sus papeles en Volver, mejor canción para Bebe y mejor guión adaptado para Salvador. Todo ello con alguna pequeña (relativa) sorpresilla intercalada como el premio a Juan Diego, por su papel en Vete de mi. La cosa seguía según lo previsto, y los apartados técnicos se los repartían Alatriste, la gran derrotada –que es una buena película, pero tenía competidoras mejores que ella; otra vez será, Agustín, seguro-, y El Laberinto del Fauno, la cinta del mejicano Guillermo del Toro, que además sumaba también los premios de Ivana Baquero a la mejor actriz revelación (yo se la habría dado a Ariana Ugarte) y mejor guión original.

Detalles importantes también fueron el premio a Stephen Frears por The Queen, que no fue a recogerlo, ni mandó a nadie, ni grabó un simple agradecimiento por video (hasta Woody Allen lo hizo el año pasado, señor Frears: cero patatero), y los tres Goyas de la estupenda Azuloscurocasinegro, a Daniel Sánchez Arévalo (mejor director novel), Manolo de la Torre como actor de reparto, y mejor actor revelación que recayó en la persona de Quim Gutiérrez, que soltó su discurso “amilporhoraydecarrerilla”, todo junto y casi asfixiado, como el título de la película en la que ha trabajado.

Pero cuando todo se encaminaba a que presenciáramos cómo arrasaba El Laberinto del Fauno, la nueva Academia alzó la voz, se rebeló a su gran ejemplo americano a seguir, y dejó claro que no está de acuerdo con la no incursión este año de la obra de Almodóvar como candidata a los Oscars.da como

La sorpresa saltó cuando en vez de ganar los premios gordos la magnífica cinta de del Toro, Volver (también estupenda, pero menos) se proclamó ganadora como mejor película del año (con Santiago Segura, quién si no, entregando el premio al grito de ¡Peeeedroooo!), y mejor director también para el manchego universal. Se puede estar o no de acuerdo, pero lo que es innegable es que manifiesta cierto carácter que brillaba por su ausencia en la ñoña y previsible Academia española de toda la vida.

Supongo, por la cara de Agustín Almodóvar, el hermanísimo (Pedro no fue a la gala alegando que “se pone muy nervioso”), que de ésta ya sí salen haciendo las paces con el cine patrio: bien está lo que bien acaba…

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