Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 1 de diciembre de 2006
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El Gran Cary
Juan Carrasco
El mundo del cine recuerda, cuando se cumplen veinte años de su muerte, al icono, el seductor, la clase, la foto del diccionario cuando buscas la palabra “galán”. El mítico actor británico Cary Grant falleció el 29 de noviembre de 1986 en Iowa a la edad de 82 años, pero una de las cosas que la magia del cine logra en figuras del calibre de Archibald Alexander Leach, que era como se llamaba, es que la muerte sea algo menos absoluto que en el resto de las personas. Con unas dotes interpretativas insuperables y curtido en el teatro británico, la mejor escuela del mundo, Grant rindió a sus pies el star system de la época dorada de Hollywood en su prolífica carrera de treinta años y más de setenta películas en las que participó. Trabajó con los actores más grandes que uno se puede imaginar, como Grace Kelly, Katharine Hepburn, James Stewart, Audrey Hepburn o James Mason entre muchos, y todos brillaron casi siempre menos que él. Siempre será conocido como el hombre que corría delante de la avioneta en Con la muerte en los talones, el mejor trabajo (a los que hay que añadir Sospecha, Encadenados y Atrapa a un ladrón) junto a Hitchcock, que dijo en alguna ocasión de él que 'podría actuar con un huevo podrido en la cara y seguiría pareciendo tan fascinante como siempre' y que “tiene el cogote más intrigante que he visto”. Pero no fue sólo el icono de Alfred Hitchcock, sino que ayudó con sus papeles impecables a hacer grandes a muchos otros grandes directores –para ello también tienes que serlo tú– como a Howard Hawks en La fiera de mi niña y Luna nueva, a George Cukor en Vivir para gozar e Historias de Filadelfia, o a Frank Capra en Arsénico por compasión. Vaya nombres y vaya títulos, ¿verdad? Un entrevistador le dijo en una ocasión que “todo el mundo quiere ser como Cary Grant”, a lo que Grant respondió: “lo mismo me pasa a mi”. La elegancia personificada en este hombre ha hecho disfrutar al espectador de actuaciones memorables y de variadísimos registros, siendo capaz de convencer a cualquiera de que había nacido para interpretar el papel de galán, de igual manera que el de espía, o de convertirse en uno de los mejores actores cómicos de la historia. Para lo que desde luego que sí que había nacido era para vestirse de esmoquin. Mucho le debe Hollywood a esta figura del cine; especialmente la vergüenza de tenerlo en su lista de los merecedores que nunca fueron premiados con un Oscar, a excepción del honorífico por toda su carrera, que no por justo deja de ser un intento de compensar lo que no tiene arreglo. Se lo otorgaron en 1970, y Frank Sinatra aseguró en la ceremonia que se lo habían dado “por ser Cary Grant”.
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