Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 6 de noviembre de 2006
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Corazón de León
Juan Carrasco
Esta mañana me he levantado con el disgusto de enterarme de que, víctima de un cáncer linfático contra el que luchaba hacía bastante tiempo, ha muerto a los 56 años de edad Francisco Fernández Ochoa, “Paquito” como a él le gustaba ser conocido. Respeto que haya gente a la que le importe un bledo, y otra que argumente que también se murió su padre y, como no era famoso, pues no salió la noticia en los periódicos. Sin embargo, para mí, ha sido una de esas noticias que molesta que te den a primera hora, porque te estropean todo el día.

En 1972 tuvo el infinito mérito de ganar la medalla de oro olímpica (primera y única hasta la fecha de un esquiador en categoría masculina) para una España necesitada de sacar pecho por algo, y en un deporte que en el país al que su sol lo hace famoso, no podía calificarse siquiera de minoritario. Sus logros como deportista son indudables, y por ello es más que lógico que fuera famoso y que el mundo del deporte llore su ausencia. Pero dentro del exclusivo club de los campeones tenemos muchos miembros, y sin embargo, no es lo mismo que haya sido Paco el que nos haya dejado.

Era un tipo afable, simpático y sencillo de verdad, de los que invitarías a tu casa sin conocerlo, y durante todo el proceso de su enfermedad ha dado una soberana lección de lucha (por algo era un gran campeón), pundonor, esperanza, humildad y sobre todo, alegría y ganas de vivir. En distintas entrevistas a unos medios de los que nunca se alejó (ni de ellos ni de nadie) siempre ha reiterado que se puede ser feliz teniendo un cáncer, y que no le quedaba más remedio que luchar y aprovechar como el regalo de su vida el tiempo le quedara entre nosotros. El pasado día 28, con visible deterioro físico, se empeñó en asistir en su localidad natal de Cercedilla al homenaje que le hicieron sus paisanos y fue la última vez que lo veríamos públicamente con vida; entre lágrimas de emoción, desde la silla de ruedas en la que se encontraba (ya debe ser duro algo así para un tipo que ha ganado una medalla olímpica), incapaz de andar, daba las gracias a todos desde lo más hondo de su enorme corazón de león, y aún le quedaban anécdotas de su infancia que compartir, contagiando una vital sonrisa que le acompañó hasta que esta madrugada entró en coma.

Paquito ha sido apreciado por su humanidad y su cercana simpatía, y admirado por su carácter luchador y vitalista. Por todo ello, nuestro más grande esquiador de la historia, ha sido mucho más que un enorme deportista, ha sido una gran persona, que es lo que hoy ha llevado tantas coronas de flores y tanto amigo llorando a su casa; más allá de todos los premios y reconocimientos oficiales.

Ahora toca que me despida con alguna cursilada del tipo de que estarás enseñando a esquiar en el cielo, o algo parecido, pero estas líneas salen del corazón, y no se me ocurre mejor homenaje que ser lo sencillo que él fue, y decir que te echaremos de menos.

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