Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 27 de octubre de 2006
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La Culpa es de los Padres...
Juan Carrasco

Debido a la presión tanto a nivel institucional como de opinión pública, el jeque Taj Aldin al Hilali, uno de los clérigos musulmanes de mayor peso en Australia, ha tenido una inspiración divina que le ha hecho ver la luz, ante el tirón de orejas de todo el mundo, y este jueves se ha retractado “de forma sincera y amigable” de las polémicas declaraciones que realizó en un sermón. Al amigo, en un alarde de metáfora sabia y ascética, que debe ir obligado con el carné de guía espiritual, se le ocurrió la brillantez de comparar a las mujeres que no portan velo con la “carne expuesta” que invita a la violación. Y después seguramente durmió tranquilo el gachó. De hecho, y de forma literal, lo que dijo el salvaje este fue: “Si se deja al aire libre la carne sin cubrir, y vienen a comérsela los gatos: ¿de quién es la culpa; de los gatos o de la carne no cubierta?”. A ver si va a resultar que “el Papa de Roma” no es el único líder religioso que dice gilipolleces (que las dice)... A lo primero, el jeque añade que: “La carne sin cubrir es el problema. Si (la mujer) se hubiese quedado en su habitación, en su casa, con su velo, no habría ocurrido problema alguno”. Al final Santiago Segura va a tener razón sin quererlo cuando pone en boca de Torrente que la culpa la tienen los padres por vestirlas así. Y quién les mandará a salir a la calle, con lo bien que se está encerradita en una habitación. Con estas declaraciones Hilali está diciendo que sus musulmanes son animales, y como tales, no pueden escapar a sus instintos si éstos son despertados, cuando en realidad son seres humanos racionales, que distinguen entre el bien y el mal, saben que ir violando a la gente “está feo”, y el único animal que hay en todo esto es él.

Mi sentido común, por desconocimiento y por civismo, me obliga a respetar profundamente el atuendo que a los musulmanes en genérico (musulmanas mayormente) les pide su religión o su costumbre. Pero lo que se pasa de cualquier raya es justificar una sola violación, porque eso poco tiene de religión y bastante de suciedad moral, bajeza y barbaridad, sin contar que roza lo ilegal sólo hablar de ello de esta forma.

Afortunadamente ha ocurrido así, y todo se soluciona con una disculpa y, a lo sumo, alguna destitución, pero si hubiera sido el embajador australiano en cualquier país el que hubiera ofendido al últimamente susceptibilísimo mundo musulmán, vaya usted a saber si no hubiera habido por la calle tirones de pelos auto infligidos, gritos en contra de todo lo que se menea, cócteles molotov, iglesias incendiadas, amenazas públicas, y pellejo de más de uno en peligro. Menos mal que las mujeres del mundo por aludidas, y los hombres por pura lógica, no salen a tirarle piedras a nadie por las declaraciones del terrorista verbal este. Situaciones como la que tratamos deberían servirnos a todos para serenarnos, ser conscientes de que en todos lados cuecen habas; que no se debe permitir la intolerancia, pero tampoco ejercerla, y que a ver si vivimos y dejamos vivir de una puñetera vez.

Entre otras cosas, el primer ministro australiano apunta que en su país la libertad a la hora de vestir es algo incuestionable, y que Hilali no es absolutamente nadie para no aceptar la forma de vida de los habitantes de la región en la que él reside.

Ante el revuelo que ha montado, el jeque pide disculpas a todas las mujeres y reconoce que tienen libertad para vestirse como les plazca. Mujeres del mundo, ¡estáis de enhorabuena! Podéis vestir como queráis, que el Hilali os lo permite. Sois afortunadas. ¡Alegría! Hay que joderse…

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