Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 1 de septiembre de 2006
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Uno de los Nuestros
Juan Carrasco

Ha muerto Glenn Ford. Se va para siempre uno de los grandes. Mermado por varios ataques cerebrales, llevaba ya varios años con una fragilidad indigna para alguien inmortal. Pero situaciones como ésta nos recuerdan que la inmortalidad en la retina, lo eterno de la memoria, y la grandeza del estrellato en vida, no evitan que los grandes mitos del cine sean hombres y mujeres, en algunos casos excepcionales, pero siempre de carne y hueso, como tú y como yo.

El impecable (en muchos sentidos) actor de origen canadiense murió en su casa de Beverly Hills a los noventa años de edad, dejando vacante el alegórico asiento g mayúscula de la Real Academia de los grandes de Hollywood. Elegante y regular en su carrera como pocos, Ford conquistó carteleras –y lo que no son carteleras, pues a lo largo de su vida se llegó a casar hasta cuatro veces– durante tres décadas (40, 50 y 60), y se recordará siempre por endosarle a Rita Hayworth la torta más famosa del celuloide. Precisamente Gilda fue la obra que le permitió retomar su carrera interpretativa, interrumpida por la Segunda Guerra Mundial, en la que sirvió como marine, hecho que le hizo ganar mucha de esa popularidad tan imprescindible para una trayectoria exitosa en los Estados Unidos. Sin embargo, la triunfante trayectoria de Glenn Ford abarca mucho más que este papel emblemático, ya que trabajó con los mejores en su tremendamente prolífica vida profesional.

Con el realizador Fritz Lang, exploraría su lado más sombrío en las obras Los Sobornados (1953) y Deseos Humanos (1954). En 1960 rodará también baja las ordenes de Vincent Minelli en la magnífica y recordada Los Cuatro Jinetes de la Apocalipsis, y después, por destacar algo entre tanto (mucho) bueno, participará en films como La Ruta al Oeste o Midway, que hoy ya son clásicos imborrables. El dato curioso lo encontramos en 1978, fecha en la que, ya en el ocaso de su carrera, interpreta a Jonathan Kent, el padre adoptivo del Superman de Christopher Reeve, en la primera entrega de la saga.

El Globo de Oro al mejor actor en 1962, otras dos nominaciones, y numerosos galardones a su trayectoria (entre ellos el del festival de San Sebastián), forman parte del reconocimiento material al trabajo de un grande que con su buen hacer, su magnética sonrisa, y su porte impecable, destacó y fue símbolo del joven galán en la época dorada del cine.

Sería una gran hipocresía decir que el mundo le echará de menos, ya que hacía mucho que habitaba en el olvido de la actualidad; así de injusto es el reciclaje de la vida. Pero los que amamos el cine no lo olvidaremos, y los kilómetros de cinta en los que quedó plasmado le harán brillar aún durante muchos años.

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