Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 21 de septiembre de 2006
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Se Armó el Belén
Juan Carrasco

El Papa ha metido la pata hasta las orejas. Vaya eso por delante. Debía haber tenido en cuenta que a alguien en su posición se le exige un cuidado extremo en sus declaraciones, y que no viene a cuento usar un escrito del siglo XIV para criticar radicalismos actuales pasados de moda, de siglo y de rosca –especialmente tendría que haber tenido en cuenta la susceptibilidad que impera en estos tiempos que corren-. Por su cargo se le presupone uno de los principales diplomáticos  del planeta, y no ha estado a la altura. Ha hablado más como el estudioso y erudito que es que como Sumo Pontífice de la fe de muchos millones de personas. ¿Ha ocurrido esto debido a un intento de apuntarse un sutil tanto en la carrera por la captación de almas, o quizá simplemente Ratzinger, que es humano, “ha pecado” de novato? –se hace raro hablar de novatadas en un hombre que ronda los ochenta años, pero estas cosas debatibles tiene la Iglesia-. El caso es que, por primera vez en la historia, un Papa se ha disculpado públicamente y ha lamentado sus propias palabras, argumentando que no pretendía herir sensibilidades, que su intención era sólo la de criticar la expansión de una fe (la que sea) mediante la violencia (cosa que debería ser una obviedad). También añade que no hace suyas las polémicas palabras utilizadas desafortunadamente en su discurso, -evidentemente no para todos los públicos y para todos los niveles culturales- sacadas de boca del emperador bizantino Manuel II.

Bueno, pues no ha sido suficiente. Estos días he visto y leído cómo para muchos dirigentes de países de mayoría musulmana, la disculpa no ha valido. También voces autorizadas e intelectuales criticando la grave afrenta y tachándolo interesadamente de intolerable, echándose las manos a la cabeza algunos, y directamente dándose cabezazos otros, ya que el Islam nada tiene que ver con la violencia. Y verdad es que nada debería tener que ver pero, por desgracia, es una evidencia que en la actualidad (en pleno siglo XXI), algunos impresentables usan el miedo cada día en nombre del Islam, como si estuviéramos aún en la triste época de las Cruzadas en la que también se hacían atropellos cristianos en nombre de Dios, todo hay que decirlo. El caso es que se pone el grito en el cielo (con perdón) pasando deliberadamente por alto que algunos salen a las calles con capuchas negras a berrear, tirar piedras y quemar iglesias para protestar y mostrarnos que lo que dice el Papa de la violencia es blasfemia y calumnia. A ver qué culpa tiene el pobre cura que está dentro de la iglesia a la que le lanzan cócteles Molotov por el hecho de trabajar allí y ser cristiano, sin meternos en el asunto de los asesinatos de monjas y demás, porque eso ya sería hacer sangre y avivar el fuego, que es lo que se debe evitar. Tampoco oigo ni leo a estas voces críticas mencionar al becerro de las barbas que salió en todos los telediarios diciendo que iban a tomar Roma (ole sus narices) o a los que amenazan con Cruzadas en plena era de la libertad de expresión. Ante la desmedida crispación y las ganas de lo más mínimo para hablar de Guerra Santa (menuda incongruencia de definición; esto sí que es blasfemo), silencio, que es un argumento que no interesa.

Yo creo que el problema viene sencillamente de la diferencia tan enorme de mentalidad que hay entre ambas comunidades. Si los musulmanes le hicieran al Papa el mismo caso que le hacen los cristianos, estaríamos salvados. Por el amor del dios de cada uno, (que cada cual tiene todo el derecho del mundo a creer en lo que le salga del níspero), no nos medievalicemos. Que no, que no cuela, que fe y fanatismo no se escriben con la misma f. No vamos a terminar tirándonos de los pelos los unos a los otros se quiera o no. La disculpa de Joseph Ratzinger ha sido muy necesaria, ya que insisto en que se ha equivocado, y debería ser suficiente, porque otra cosa el hombre ya no puede hacer. A partir de ahí, el que quiera patalear y leer la misma página una y otra vez, con su pan se lo coma. Siempre que no decida darle la razón a lo de la violencia, claro.

Espero que nadie me queme la casa por dar mi respetuosa opinión. Como decía el tío Braulio, hombre sabio donde los haya (ese sí), “amoh a llevarnoh bien, cohoneh”. Si uno no quiere, dos no pelean. Punto y (espero que) final.

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