Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 12 de septiembre de 2006
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La Casa de los Líos
Juan Carrasco

Monster House

Que nadie se deje engañar por el aspecto a priori amable de esta producción digital de las máquinas de hacer dinero Robert Zemeckis y Steven Spielberg. El humor y los protagonistas infantiles disfrazan que esta obra, en realidad, se atreve a profundizar en el mayor miedo del ser humano; ni el hombre del saco, ni las guerras, ni los puntos del carné o que el cielo se caiga sobre nuestras cabezas: imaginen que después de atreverse a colgar una hipoteca del pescuezo para el resto de su vida, la vivienda resulta poseer personalidad propia y sale “rarita”. Aterrador, ¿verdad?

Un par de críos de doce años, DJ (“nombre” original donde los haya –y es que parece ser que en yankiland llamar a alguien Dj es como en España llamarse Pepe pero con menos solera-) y “Croqueta”, su mejor amigo (y mi personaje favorito de la película), descubren que la destartalada casa del viejo vecino cascarrabias de enfrente guarda un espeluznante secreto. Y digo la casa porque ése es precisamente el secreto: de alguna forma ha cobrado vida propia y está haciendo desaparecer desde triciclos hasta las mascotas del barrio. Pero el asunto pasa a mayores cuando el caserón intenta tragarse a su nueva amiga Jenny, centro de atención de ambos chicos. Y a todo esto, claro está, ¿quién va a creer a un par de niños que aseguran que la residencia con mala leche del vecino de al lado se ha tragado un balón con su enorme boca y después se ha reído de ellos justo antes de intentar engullir a su amiga? Así que no les quedará más remedio que afrontar el problema sin adultos...

Obviando un final excesivamente estrambótico, la cinta es muy divertida, con ocurrencias de guión realmente frescas. Además del humor, el gran acierto de la obra reside en la portentosa animación; basada en interpretación real por medio de la novedosa fórmula de captura de movimiento, usada por vez primera en The Polar Express  (dirigida por Zemeckis), pero con un toque algo más “monigotesco” que el director de esta obra, Gil Kenan, ha decidido que le encajaba más al nivel de seriedad que se quería imprimir a la historia. Así, los protagonistas no pierden ese toque entrañable y poco serio que debe tener una peli de animación familiar, pero a la vez parecen a punto de salir de la pantalla en muchas secuencias. Definitivamente, ha sido un acierto, porque les ha salido “de miedo”.

Dirección: Gil Kenan. Duración: 91 min. Guión: Dan Harmon, Rob Schrab y Pamela Pettler; basado en un argumento de Dan Harmon y Rob Schrab. Producción: Steve Starkey y Jack Rapke. Producción ejecutiva: Robert Zemeckis, Steven Spielberg y Jason Clark. Música: Douglas Pipes. Fotografía: Xavier Pérez Grobet. Montaje: Adam P. Scott y Fabienne Rawley. Diseño de producción: Ed Verreaux. Vestuario: Ruth Myers.

Puntuación: 7

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