Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 4 de agosto de 2006
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¿Inteligente o Intelectual?
Juan Carrasco
No soporto a muchos tontorrones con complejo de Patrimonio de la Humanidad que campan graznando a sus anchas por medios de comunicación, sobre todo escritos, que se prestan más a la libre opinión. Cuando leo a alguien catalogarse de imprescindible con algo del estilo “Recordarán aquello que escribí...”, o “En mi artículo de…”, como si la gente no pudiera sobrevivir sin tener la hemorragia de placer que se experimenta al leer el último artículo de “Pedantito de tal” antes de desayunar, automáticamente lo dejo y paso a hacer cualquier otra cosa que me interese más o, al menos, no me ponga de mala uva.
Después también están los que para escribir usan más la enciclopedia que el teclado, buscando el don de la razón absoluta por medio de verborrea plomiza y saturante. Y con esto no estoy criticando la explotación de la riqueza de nuestro vasto y hermoso idioma, faltaría más, sino el uso del diccionario para dar fuerza a argumentos que no la tienen o disimular la falta de contenido, transformando corrección verbal en densidad y tedio. Yo preguntaría a aquellos que se autoproclaman tuertos en el país de los ciegos bajo el alter ego de “intelectuales”, como si esta palabra se tratara de un título, qué entienden ellos por intelectual. Para mí, intelectual viene de intelecto, de persona cultivada, inquieta de mente, a veces comprometida, y que debería ser un ejemplo; porque no hay nada más inteligente que la sencillez de espíritu, virtud, por cierto, que se lleva muy bien con la cultura no pretenciosa, sobrada y sin necesidad de aparentar o mirar por encima del hombro a nadie. Todo esto es extrapolable a cualquier campo. Desde la política hasta la literatura, pasando por el bar de la esquina; ahí tenemos, por ejemplo a Arturo Pérez-Reverte –a rudo (para mi gusto, demasiado) pocos le ganan-, que dice teta y culo sin rubor cuando le viene en gana, y vende más que nadie… En el mundo del cine, tanto de lo mismo. Mi amiga Violeta se considera a mucha honra apasionada del cine malo (así, como suena), cuanto más malo, mejor, mofándose de mí cuando me pongo en plan entendido en la materia. Es un ejemplo extremo, porque tampoco es eso; me decía alguien que de verdad sabe de esto, que quien aprende a ver arte bajo la piel del buen cine alcanza un don divino y debe sentirse afortunado. Sin embargo, hay que partir de la base de que el gusto es como el trasero, cada cual tiene el suyo, y nunca hay que menospreciar una opinión ajena, incluida la de Violeta, por bárbara que nos parezca, porque el integrismo neuronal, como todos los integrismos, vuelve idiota al más listo, y creerse ombligo hace menguar como persona. En el inverosímil caso de que algún “dios de la comunicación” leyera esto, sin duda de forma casual, y se sintiera ofendido, mis menos sinceras disculpas; aunque, ¿quién va a verse reflejado en estas palabras mías y reconocerlo?
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