Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 25 de agosto de 2006
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Cine de Diseño
Juan Carrasco

Lost in Translation

Cada vez que vuelvo a disfrutar de Lost in Translation me convenzo más de que a Sofía Coppola se le aparecieron todas las musas de la inspiración a la vez, o puede que hiciera un pacto con el diablo, pero era sólo la segunda ocasión en la que se ponía tras las cámaras como realizadora y logró esa obra redonda que la mayoría de los cineastas pasan su vida buscando con obsesión, ese hueco en la videoteca de la Historia. Y no dudo del talento de la “Hija del Padrino”, eso salta a la vista, sino que afirmo que en esta película también contó con el clima, colaboración y suerte necesarios para que casi se pueda uno atrever a afirmar que con sus apenas treinta y cinco años, ya ha firmado el trabajo de su irregular vida cinematográfica.

La singular ciudad de Tokio sirve como enorme parque de atracciones de un veterano actor norteamericano que va allí a cumplir un millonario contrato publicitario por el que presta su imagen a una bebida japonesa, y la joven esposa de un fotógrafo que aterriza en la descomunal capital nipona para un trabajo de varios días: ambos, más que interpretados, poderosamente encarnados por un enorme y justamente comedido Bill Murray, nominado al Oscar por este papel –seguramente el que siempre soñó, que le permitiera soltar su capacidad cómica y a la vez disfrutar de un personaje complejo con alto contenido emocional-, y una por aquel entonces ascendente sensación Scarlett Johansson (gélida y metódica eficacia), que después se convertiría en la nueva musa de Woody Allen. Los protagonistas se conocerán en el hotel y, víctimas ambos del jet lag, se convertirán en compañeros de laberinto del aspecto no tópico de Japón, del Tokio urbano nocturno que deciden explorar para combatir el insomnio. La química entre ellos es instantánea, y juntos destapan lo perdidos y aburridos, que no hartos, que se sienten en sus vidas, mucho más afines de lo que les puede parecer en un principio; todo esto les llevará a una exquisita relación de simbiosis espiritual.

La ambientación es, sin duda alguna, perfecta para una historia delicada, extravagante y contenida, muy contenida, como son los japoneses, pero emotiva y sensible al mismo tiempo. Desde el mismo instante en el que los personajes se ven por primera vez en un ascensor hasta el cómo se despiden con el corazón encogido con ese ininteligible susurro al oído, pasando por hilarantes momentos como el del karaoke, Sofía Coppola hace su declaración de intenciones: nos regala una estética noctámbula y melancólica que recuerda a una acuarela que difumina la realidad a través de un velo de serenidad, otorgando un bendito aislamiento temporal del mundo. Gran parte del protagonismo para lograr este ambiente lo tienen una magnífica composición artística de innumerables planos, fantásticas fotografía y dirección artística, enfatizando en la acertada elección de los tonos azulados como base del metraje, y el clima de realismo urbano que aportan los trozos rodados cámara en mano.

Fieles a la máxima minimalista de estética espiritual, y la elegancia de no mostrar lo evidente, los protagonistas se hablan con la mirada, manteniendo bastantes más conversaciones en silencio que diálogos entre ellos, lo que significa que el guión supuso para los actores un trabajo de enorme dificultad.

Esquivando con distinción convencionalismos de romances dulzones de novela rosa y de hombre conoce a mujer con sus bla bla blas correspondientes, en esta estupenda cinta es todo mucho mejor que eso. Lo que no se ve, lo que se intuye, es lo que convierte la historia en algo profundo, en algo auténtico.

Dirección y guión: Sofia Coppola. Año: 2003. Intérpretes: Bill Murray (Bob Harris), Scarlett Johansson (Charlotte), Anna Faris (Kelly), Giovanni Ribisi (John), Akiko Takeshita (Srta. Kawasaki). Fotografía: Lance Acord. Montaje: Sarah Flack. Dirección artística: Mayumi Tomita.

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