Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 11 de julio de 2006
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Por Ejemplo... una de Miedo
Juan Carrasco
Conocido a estas alturas es ya por todos el gusto –que no comparto, pero no tengo más remedio que acatar- del público ceutí por las películas de terror. No recuerdo cuándo fue la última vez que eché un vistazo a nuestra cartelera y no encontré un solo título de este género. Pero una cosa es darle al público lo que quiere ver (imagino que la fijación por las de terror se deberá a un estudio de mercado, si no, no tendría sentido), y otra es atiborrar al respetable bombardeándolo con cintas de serie B (e incluso C) fabricadas cuales churros de usar y tirar algunas, y de tirar antes de usar la inmensa mayoría. No me parece en absoluto normal que en estos momentos encontremos en cartel nada menos que cinco películas de terror del malo y, encima, todas ellas condensadas en un solo cine (!!). Pero no lo tomen más que como una casualidad, y no como una referencia, que la competencia en absoluto se libra del torpedeo terrorífico adolescente; el caso es que entre las catorce salas de los dos cines, nunca nos falta carnaza fresca y de estreno barato. Si en la variedad encontramos el interés, ya me estoy imaginando la escena: —¿Vamos esta noche al cine? —Por hacer algo distinto y salir de casa, que el aburrimiento en un sitio tan pequeño debe ser combatido con lo que se pueda. —Vale, y ¿qué vemos? —Por ejemplo… una de miedo. —Así, por un poner; y qué remedio, si es que no queda otra... Precisamente de peli de terror se antojan algunas de las opciones que tenemos en las distintas salas: por un lado nos encontramos con esperpentos que no conocen ni los familiares de sus directores como Cuando llama un extraño (título original donde los haya) o Bajo aguas tranquilas (premio de un cenicero firmado por Garci para quien me diga que sabía de la existencia de estas maravillas antes de su estreno); tampoco podemos olvidarnos de En la tiniebla, oda a lo insulso, de una Demi Moore desesperada por no caer en el ostracismo –con papeles así la lleva clara, por cierto-. Con decirles que lo más conocido que podemos encontrar es The Omen (La Profecía), que no es más que una copia fotograma a fotograma del gran clásico y referente del género, pero con peores actores y, claro está, más efectos, poco se puede añadir. Con todo, e indignaciones aparte, no me parece de recibo pasar por alto esta “terrorífica” semana y no recomendarles nada del variado abanico de cintas para amantes del susto, así que me quedo con Shutter, obra de tailandés Banjong Pisanthanakun (no intenten pronunciarlo o tendrán pesadillas). La película, del estilo de las japonesas Dark Water y The Ring, trata de un fotógrafo profesional que atropella a alguien por accidente y se da a la fuga; poco después un espíritu lo empieza a acosar con apariciones continuadas en las fotografías que toma. Como ven, de lo más convencional, pero reconozco que algún efecto de sonido unido a momentos bastante inquietantes como el del aseo público o el coche (los coches siempre tan socorridos para escenario de sobresaltos) tienen su puntito de pasarlo mal, y eso que yo suelo ser de los poco impresionables por los fantasmas que salen de las esquinas y persiguen al protagonista…
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