Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 21 de julio de 2006
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Lagartijas con Cantimplora
Juan Carrasco
Son las tres menos veinte de la madrugada, y mañana tengo que levantarme temprano. Ya ven el panorama. He tenido que salir de la cama, porque a treinta grados (de noche, no hay que olvidar el detalle) no hago otra cosa que dar vueltas, muerto de cansancio y frustrado al no poder dormir y sentirme perdiendo el tiempo. Y no vayan a creer que tengo gran cosa que contarles, que ésa es otra; este condenado calor, que hace que vayas al supermercado y te dejes como un idiota el presupuesto de la compra del mes en helados y montones de botellas de refresco, te derrite el cerebro de tal manera que eso de pensar se convierte en crueldad intolerable. Si se te ocurre salir antes de que se ponga el sol, con lo único que vas a toparte en la calle es con la famosa lagartija con cantimplora del chiste que te mire con cara de “oye, que aquí el raro eres tú…”. Finalmente se decide uno a poner la tele para ver si sale alguna noticia que “inspire” mi columna de guardar, y aparte del lastimoso asunto de que en Oriente Próximo creen estar en Roland Garros con tanto misil de ida y vuelta sobre tierra batida, en lo que respecta a la sección de Nacional, sólo hablan de la espantosa ola de calor, llamada verano antes de efectos invernaderos y demás marranadas climáticas, de operaciones entrada y salida, y de Julián Muñoz; el interesante contenido de cada año por estas fechas, vamos. Ni siquiera el circo del Congreso nos queda. Todo el país está de vacaciones (a la programación de televisión me remito, por no hablar del cine…). Y el que no está de vacaciones hace como un amigo que tengo y de cuyo nombre no debo acordarme, que abre su establecimiento a las seis de la tarde: “hasta esa hora no entra ni el gato: horario de verano”, argumenta el condenado enarcando las cejas. Lo bueno del asunto es que a las ocho ya ha cerrado: “horario de verano, ¿quién va a venir a las cinco y a también a las nueve para darse cuenta?”, me dice aposentados ya ambos en el bar más cercano con una caña en la mano. Entre trago y trago me cuenta el jodío que en realidad él es un héroe, que con este calor, el que no se busca una feria, se busca algún otro tema que enlazar con las merecidas vacaciones para no volver a la sufrida tarea diaria hasta después del verano. “Es lo que nos queda”, continúa con toda la gracia, “o eso, o se es funcionario…”
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