Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 18 de junio de 2006
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Tan Lejos y Tan Cerca...
Juan Carrasco
Una vez más, estoy que no quepo en mí de asombro. Andaba yo cual borrego y como todo hijo de vecino viendo el debut de la selección española en el mundial y, nada más pitarse el final del partido, no sabía si sorprenderme más porque España ganara con solvencia por cuatro a cero (qué clase de tripa se les habrá roto…) o por el hecho de encontrarme en las imágenes de televisión en las que enfocaban a los futbolistas retozones de alegría, una enorme bandera albinegra. ¡Sopla!, me dije, ¿qué narices hace una bandera de Ceuta en Leipzig? Para que después alguien se atreva a dudar de la hispanidad de mi tierra, pensaba con una enorme sonrisa burlona en la cara.
Y es que la cosa cae por su propio peso: el homínido ceutí, como el resto de sus compatriotas, tropieza las veces que haga falta con la misma piedra, es visceral, apasionado con sus reivindicaciones, singular y también incomprendido e ignorado por el resto de España (especialmente ahora que la palabra no está de moda). Además, es tratado irremediablemente como ciudadano de segunda una y otra vez desde que tengo uso de razón; pero por lo que no transijo, es por aguantar que meapilas e ignorantes poseedores de su realidad desde la lejanía, y sin puñetera la idea sobre el asunto, insistan en la “marroquinización” de la ciudad del campero de corazones, el botellón con escolta de los municipales, y la excursión del “día de la mochila”. No hay más que ver que en el mundial de Alemania tenemos representantes con la camiseta roja de España y la bota de vino; pero no porque se celebre en Europa, a tiro de autobús, que ya en Corea hace cuatro años había hinchas españoles ondeando banderas de Ceuta. ¿Que Zapatero es el primer presidente que viaja a la Perla del Mediterráneo?: ¡zas!, allá que va una bromista que haciéndose pasar por una caza autógrafos, y con la complicidad de un famoso programa tocanarices, le hace rubricar en la recogida de firmas de Rajoy contra el Estatut. La imagen logra que se pitorree de él medio país. Pero ahí no acaba la cosa, no. ¿Gran premio de automovilismo?: bandera ceutí en las gradas, ya se celebre en Barcelona o en Bahrein – y no crean que exagero, que también la he visto allí-. El otro día, practicando el noble deporte del zapping, conecto con Buenafuente y me encuentro entre el público con mi propio hermano con cinco amigotes enseñando otra bandera a la cámara; sí, en Barcelona, en el mismísimo plató. Por el amor de Dios, si hace unos meses hubo un artista que en una concentración en el Vaticano le encasquetó un tricornio de la Guardia Civil al Papa Ratzinger. ¿Adivinan de dónde era el pollo que logró semejante gesta? Prometo que no soy capaz de afirmar si el “protagonismo mediático” de mis conciudadanos me llena de orgullo y nostalgia al ver mi bandera pasear por todos lados o de vergüenza por semejante cante internacional, pero lo que no está en duda es el cachondeo mental de nacimiento que posee el ceutí. Por favor, ¿hay alguna duda de que sean españoles? Allá en África, tan lejos y tan cerca…
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