Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 6 de junio de 2006
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Rosas con Espinas
Juan Carrasco
La evolución de un pueblo se alimenta de su propia cultura, y el tiempo te descubre que el estímulo y desarrollo cerebral permite que nuestra voz sea cada vez más autorizada y no temamos opinar sobre lo que nos atañe. El mayor patrimonio del ser humano no está depositado en un banco de Suiza, sino en las mentes de aquellos que tienen algo que decir y saben cómo hacerlo. Por lo tanto, personificar un ejemplo para los demás y formar parte del mundo de la cultura (también presupuestamente intelectual) de un país, conlleva una enorme responsabilidad e influencia mediática; y los representantes de nuestro cine no son una excepción. Pues bien, el pasado lunes 29, con motivo del anuncio de 'alto el fuego' de ETA y aprovechando la entrega de galardones de la Unión de Actores, la Secretaría de la Mujer de este sindicato quiso premiar al colectivo Ahotsak, que reúne a políticas vascas y navarras que reivindican la participación de la mujer en el proceso de paz y en favor de conceder al grupo político proetarra Batasuna un papel protagonista en él. Lo más llamativo del acto, que consistió en entregar una simbólica rosa blanca a la representante de las premiadas, fue que la susodicha representante elegida para la ocasión fue la abogada Jone Goirizelaia, defensora legal de innumerables terroristas vascos y su entorno más cercano, entre ellos el rostro político de ETA, y frecuente turista carcelario Arnaldo Otegi. La propia Goirizelaia alzó su rosa blanca al salir al escenario y traducir al euskera las palabras de agradecimiento del portavoz de Ahotsak -en este momento se me ocurre más de una de mis bobadas ácidas que me resistiré a insertar por respeto a la seriedad del tema, pero la imagen se antoja cuando menos irónica-. Y no digo yo que sea malo querer la paz, faltaría más, o que no tenga derecho (y obligación) todo el mundo a quererlo así, terroristas incluidos. Tampoco me interesa lo más mínimo bucear en pantanos políticos de ningún tipo -que las aguas estancadas del partidismo, vengan de donde vengan, por definición, siempre huelen mal-, o atacar la libertad de expresión de Pilar Bardem o Candela Peña entre otras personalidades del cine español e internacional que se dieron cita en el acto botánico-pacificante. Sirva como posdata anti susceptibilidad que no pretendo insinuar que el mundo se esté acabando o que haya que enviar a nadie a galeras. Lo que mi humilde (pero espero que igual de respetable) opinión quiere decir aquí es que puede que el teatrillo descacharrante que se montó con esto no logre otra cosa que dar publicidad gratuita a quien no se la merece, y creo no ser la única persona al que le queda el regusto amargo de sospechar que esto no es más que el enésimo pitorreo de unos asesinos hacia nuestra sociedad. Puede que haya sido con buena intención, pero el escenario, los aplausos y, sobre todo, las cámaras es lo que nuestras insignes artistas cinematográficas, con la excesiva ligereza con la que siempre ejercen de activistas, les han puesto en bandeja de plata, que diría Billy Wilder; y todo ello con la sonrisa de los domingos y vestidas de Channel o Armani, que el glamour es el glamour, y hay una imagen que proteger. Si nuestros militantes (para bien y para mal) cineastas pusieran el mismo empeño en organizar la gala de los Premios Goya que el que destinan a hacer ruido, ríanse ustedes de Palmas de Oro, Oscars u Osos de Plata…
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