Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 22 de junio de 2006
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Complejidad Mental
Juan Carrasco

Tránsito

No creo que exista nada más fascinante y complejo a la vez que la mente humana (unas más que otras, claro está, que anda cada uno suelto por ahí…). El cerebro, permítanme que siga trascendente unas líneas, es el motor que reacciona con la energía de los estímulos y nos lleva a sentir diversas, personales y a veces inexplicables emociones que nos convierten en seres únicos. La esencia y la finalidad del cine sin desvirtuar no es otra que la de convertirse en uno de esos estímulos que nos permitan canalizar nuestra necesidad de sentir, de reflexionar, de sabernos vivos a fin de cuentas y usar el cerebro, nuestro bien más preciado.

Yo siempre he sido de los que piensan que en el caso de no gustarte una película, siempre es preferible que te deje indignado a que no transmita nada en absoluto, con esa sensación de “pues bueno, pues vale”, cayendo en el olvido incluso antes de acabar la cinta. Les confieso como ejemplo que lo más tortuoso para un crítico de cine es hablar sobre una de esas obras que solamente aportan indiferencia; sientes que no sabes qué añadirle a la nada en que consiste el tema de tu trabajo, que no quieres tratar al lector con la simpleza que la película te ha tratado a ti como espectador: una tortura, vamos.

En Tránsito, el laureado realizador de Monster’s Ball y Descubriendo Nunca Jamás, el alemán Marc Forster, trata con maestría la complejidad de la psique sin dejar lugar a que salga nadie del cine hablando del tiempo o del modelito que se va a comprar sin dedicarle un momento al menos a comentar, ya sea en positivo o negativo, qué le ha parecido lo que ha visto.

La febril historia, de ésas de las que es mejor no revelar demasiado de su argumento, nos sumerge en un maremágnum surrealista y paranoide en el que se antoja muy complicado discernir qué es real y qué no lo es. Lo distorsionado de la narración no permite saber si lo que estás viendo sólo se encuentra en la mente de Henry (Ryan Gosling), un joven atípico que ha decidido suicidarse dentro de tres días, o por el contrario, el protagonista de la paranoia de la que el director nos hace partícipes es realmente Sam Foster (Ewan McGregor), el psiquiatra que intenta con todas sus fuerzas que no lleve a cabo su plan, viéndose cada vez más involucrado en la complicada “vida” de Henry. Lo que sí queda claro es que la mayor parte de la trama poco tiene de realidad, y el espectador se sentirá por momentos desorientado, manipulado e incómodo planteándose si se están riendo de él o sencillamente no es suficientemente “complejo” para entender lo que le están contando.

Sin embargo, para alivio colectivo, en los minutos finales de metraje se desvela lo que está ocurriendo de verdad que, si bien descubre las tramposas cartas que el guión usa para mantenernos desconcertados y el erróneo punto de vista desde el que nos han hecho vivir la historia, la estética de cómo podría vivirse un momento traumático concreto en el misterio de la mente humana es brillante y la situación final logra que la oniria sufrida hasta ese momento sea comprendida y hasta disculpada. Por lo tanto, podemos afirmar que hora y media de película no hacen más que prepararnos un, eso sí, estupendo final que te deja con un deliciosamente amargo sabor de boca y reflexivo durante un buen rato. ¿Merece la pena? Avisados quedan de lo que se van a encontrar, pero dicen que bien está lo que bien acaba, ¿no?

Dirección: Marc Forster. Título Original: Stay. Duración: 99 min. Intérpretes: Ewan McGregor (Sam Foster), Naomi Watts (Lila), Ryan Gosling (Henry), Bob Hoskins (Dr. Leon Patterson), Janeane Garofalo (Dr. Beth Levy), Kate Burton (Sra. Letham), Elizabeth Reaser (Athena), B.D. Wong (Dr. Ren), Amy Sedaris (Toni). Guión: David Benioff. Fotografía: Roberto Schaefer. Montaje: Matt Chessé.

Puntuación: 5

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