Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
|
|
|
Fila 7
Ceuta, 23 de mayo de 2006
BLOGS
La Caja de los Truenos
Juan Carrasco
Publicidad. Acabo de revelarles el autentico secreto de El Código Da Vinci; no hay que darle más vueltas. Lo que se ha fabricado alrededor de la obra del irregular Ron Howard es muy parecido, pero en el bando opuesto, a lo que vimos hace dos años con La Pasión de Cristo de Mel Gibson que, al final, entre acusaciones y polémicas, acabó haciendo una formidable taquilla; a fin de cuentas, lo que de verdad interesa. La trama de la cinta, no puede negarse, es manifiestamente anti-católica, pero lo que la Iglesia está torpemente promoviendo con tanto pataleo y rasgamiento de vestiduras, con tanto “no vayáis a verla u os caerá un rayo” no es más que asegurar el taquillazo antes del estreno con la publicidad gratuita –añadida a los millones gastados en marketing-. Que es el mismo efecto del best seller de Dan Brown, que ha vendido más de cuarenta millones de ejemplares en todo el mundo gracias al morbo y la curiosidad humana. Yo entiendo que los estamentos eclesiásticos se sientan atacados ante detalles como el rol que se le da en la historia al Opus Dei, prelatura de la Iglesia a fin de cuentas, se comulgue con ellos o no, pero por lo demás, solamente estamos hablando de una “peliculilla de intriga”, que diría mi madre, que debe tomarse como lo que es: una distracción basada en lo que (mal) escribió un tipo que, por mucho que lo parezca, no inventó la pólvora. Las reacciones eclesiásticas tan habituales de satanizar y condenar aquel que banaliza la doctrina que pontifican no logra en este caso otra cosa que avivar el fuego y dar trascendencia a una simple película. ¡Hombre, por Dios! Malos tiempos deben estar corriendo para la Iglesia si tienen que temer a El Código Da Vinci… Y entre cretinadas de ida y vuelta, se nos olvida hablar de la película como tal. Precisamente en pasar inadvertida tras la polémica reside la virtud de la obra, que se pierde a menudo en un mar de verborrea especulatoria tan facilona y arquetípica, que para compensar la falta de originalidad, tiene que recurrir a la vuelta y revuelta cuando ya se suponía que se nos había desvelado todo. Y así desde el minuto treinta, cuando la cinta se alarga a dos horas y media. Cuando acababa la película, antes de salir de la sala de cine, pude oír como una “treceañera” le decía emocionada a quien la acompañaba “es igual que el libro, igualita”, opinión que sin duda y por desgracia comparto, porque la fidelidad con el libro de Brown es evidente tanto en escenas, como en diálogos (algunos hasta textuales), o su reparto tan bien elegido que parece haber salido de la imaginación de cada uno tras leer la novela. Tom Hanks interpreta al anodino Robert Langdon, protagonista de todo este tinglado místico, destacando tan poco como su alter ego en la novela. El resto del millonario y reitero que bien elegido plantel son Audrey “Amelie” Tautou como coprotagonista, y Jean Reno, Paul Bettany, Alfred Molina o Ian McKellen (este último, la sal del film) como secundarios con pedigree. Con tanta similitud, no se esperen otra cosa que un entretenimiento (a ratos) investigatorio de los de novela de leer en el tren de toda la vida, y evitarán decepcionarse. Recordemos que Dan Brown, también productor de la película, nos acaba de retratar la España de mediados de los noventa en su “novela” titulada Fortaleza Digital como un lugar tercermundista donde los hospitales huelen a orina, la policía es sobornable por cuatro monedas y los teléfonos ni siquiera funcionan. ¿Habrá estado el angelico alguna vez en España? Hay que estar muy predispuesto para darle credibilidad a un libro de semejante ejemplo de cultura, sensatez y documentación… Dirección: Ron Howard. Intérpretes: Tom Hanks (Robert Langdon), Audrey Tautou (Sophie Neveu), Ian McKellen (Sir Leigh Teabing), Alfred Molina (Obispo Aringarosa), Paul Bettany (Silas), Jean Reno (Capitán Fache), Jean-Pierre Marielle (Saunière). Guión: Akiva Goldsman. Música: Hans Zimmer. Puntuación: 5
El autor del weblog es el único responsable de su contenido ya que este website no interviene en forma alguna en su redacción.
|