Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 28 de abril de 2006
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Mire Usté...
Juan Carrasco

Últimamente he llegado a la firme conclusión de que los políticos, esos mismos que “despellejamos” diariamente por desvergonzados –con toda la razón, dicho sea de paso- son, en realidad, fiel reflejo de la colectividad a la que representan. En pocas palabras, tenemos para lo bueno, pero también para lo malo, lo que nos merecemos.

Hay tres maneras útiles de hacer política (subrayando lo de útiles):  pegarte con velcro a tu escaño y mantener al electorado ocupado pensando que haces lo correcto, sin descartar hacerlo de verdad algunas veces, siempre y cuando no te perjudique; comportarte de manera zalamera con aquel que posee la poltrona (sobre todo si huele a reelección); y por último, nos encontramos al necesario inconformista molesto que hace oposición, según muchos ¿deslenguados? debido a que no han estado hábiles para congraciarse con el que parte y reparte, o en su defecto tiene posibilidades de ocupar el asiento por desgaste.

Que nadie se ofenda, porque generalizar siempre es injusto -que lo bueno de hablar en general es precisamente ese grupo de excepciones que te permiten no quedar mal con nadie-, pero perteneciendo a una sociedad de enfado fácil para con el prójimo, pero hipermétrope de sus propios errores como la nuestra, no vamos a esperar que la clase política sea extraterrestre y haga campaña para los habitantes de Venus.

Digo yo que si en esta España nuestra de pandereta -envidiablemente acomodada, pero no tomada en serio por nadie en el mundo (si Carlos V levantara la cabeza…)- cuya máxima preocupación social es quién va a jugar la Champions o si al final van a enchironar a tal o cual famoso, en esta querida España nuestra de los que ven la motita en ojo ajeno, y cada vez menos España y menos nuestra, nos acordáramos de tiempos peores y nos importara más el vecino en lugar del puñetero nombre que se le da a la comunidad de propietarios, no sufriríamos tanta vergüenza propia y ajena todos los días viendo los informativos.

Miren ustedes -que diría un hombre a un bigote pegado-: si nos dejáramos de tanto “talante” de chufla y boca pequeña, de “yo no he sido” y de “…pero tú más”, que es en lo que consiste nuestra propia política de vida, seguramente tendríamos mas posibilidades de lograr unos mandatarios dignos que poseyesen y gestionasen bastantes más valores humanos de los que se contemplan hoy. O, al menos, podríamos quejarnos legítimamente sin que nos merezcamos el sonrojo por hipócritas, que dormir con la conciencia tranquila ya es mucho en los tiempos que corren, y una persona honesta, seria y comprometida (que las hay) no debería merecer como merece la admiración de los demás.

¿Qué diablos esperamos de nuestros políticos?, y sobre todo, ¿qué podemos y debemos esperar? Mucho tiene que ser  necesariamente la respuesta a ambas preguntas, pero ¿qué podemos esperar de nosotros mismos y del prójimo?, y ¿de dónde narices creemos que salen los gobernantes?

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