Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 25 de abril de 2006
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Braveheart
Juan Carrasco
Un símbolo no significa nada sin personas a las que mueva el ideal que representa. Y un ideal no se compra ni se vende; ni siquiera se presta o se tiene en propiedad: forma parte de la gente. Un ideal, para bien y para mal, puede dictar los designios de muchos seres humanos y marcar el sendero que recorrerá la Historia. Estas reflexiones son la esencia de la última adaptación a la pantalla del activista genio y filósofo del cómic Alan Moore (Desde el Infierno y La Liga de los Hombres Extraordinarios llegaron primero, y Watchmen viene de camino). En esta ocasión la versión cinematográfica es, si bien bastante buena, mucho más libre de lo esperado –ni mejor ni peor, sólo distinto-, así que es mejor evitar la búsqueda de similitudes con la obra de Moore que, por cierto, indignado con el resultado, se ha desentendido completamente del film (incluidos los derechos, cosa que le honra y avala su decisión). La acción transcurre en la Gran Bretaña de un futuro cercano sumido en las tinieblas de un régimen político fascista y totalitario, elegido democráticamente, para más INRI. ¿Les suena? No es tan descabellado después de todo, ¿no?; algún ejemplo similar tenemos si repasamos los libros de historia o las noticias, que no hace falta remontarse a tan lejos… Su protagonista, V, es un símbolo, es poco más que una máscara, pero personifica muchísimo más que eso. V es la libertad, la voluntad popular y la lucha contra el miedo a expresar lo que uno piensa. La persona que lleva esa máscara es un rebelde con causa, erudito, elegante y misterioso, que no pretende derrocar un régimen, sino hacer reaccionar a todo un pueblo contra sus propios miedos, y demostrar que los dirigentes no deben ni pueden doblegar la voluntad de quienes los han elegido. Su debilidad será la de enamorarse de todo lo que él mismo representa personificado en los estupendos huesos de Natalie Portman, la chica, nada convencional, de la peli –poco trabajo le habrá costado al amigo, que con la Portman cualquiera se enamora de un ideal o de un carácter inconformista: ¿dónde hay que firmar?-. El papel del oscuro V recae en la estupenda interpretación de Hugo Weaving (nada menos que el agente Smith de Matrix), y lo resalto especialmente porque es muy difícil destacar más que nadie en un papel que requiere que no se te vea la cara en ningún momento de la cinta, mostrándote más expresivo que el resto para compensar la falta de rostro que odiar, compadecer o con el que simpatizar, pero sin rozar siquiera la sobreactuación. El director ha hecho un buen trabajo, si podemos apuntárselo todo a él, porque el debutante en estas tareas, James McTeigue, es sospechosamente idóneo para ser manipulado desde las sombras de la producción (el dinero es el que manda) por los hermanos Wachowski, también guionistas del film. Con los directores de Matrix manejando el cotarro, no podemos esperar menos que una ambientación y puesta en escena magistral, con la contrapartida de que echemos de menos un poco más de pasión y fuerza en la historia, algo fría y antiséptica, pero no podemos pedirle peras al olmo que hizo historia con una trilogía que pasó por encima de sus actores, creando un peligroso precedente. Tampoco busquen –y esto sí que es una sorpresa- más acción que la estrictamente necesaria; la que hay, claro está, impecable. Lo que está asegurado con los Wachowski es el entretenimiento y la reflexión, que no es poco. Si William Wallace levantara la cabeza en el futuro de Alan Moore, cogería una depresión galopante al descubrir lo poco que han cambiado las cosas después de tanto tiempo; ¡libertad!, berreaba el pobre iluso mientras lo “desgraciaban” los ingleses… Dirección: James McTeigue. Países: USA, Reino Unido y Alemania. Duración: 132 min. Intérpretes: Natalie Portman (Evey), Hugo Weaving (V), Stephen Rea (Finch), Stephen Fry (Deitrich), John Hurt (Adam Sutler), Roger Allam (Lewis Prothero). Guión: Los Hermanos Wachowski; basado en la novela gráfica creada por Alan Moore y David Lloyd. Fotografía: Adrian Biddle. Puntuación: 7
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