Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.
Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor. Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio. Email: corleonne76@yahoo.es |
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Fila 7
Ceuta, 1 de febrero de 2006
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Cenicienta de Porcelana
Juan Carrasco
El sobrevalorado realizador Rob Marshall (responsable de la igualmente sobrevalorada Chicago) ha resultado ser el elegido por el todopoderoso Steven Spielberg, productor en esta ocasión, para adaptar a la gran pantalla el best-seller de igual nombre del escritor Arthur Golden. El resultado es un film con temática oriental fabricado por occidentales, para un público occidental y con los actores asiáticos más occidentalizados que existen en la actualidad. Todo apesta a minuciosa búsqueda de oscar, aunque me aventuro a adelantar que no tiene muchas posibilidades fuera de los que llaman técnicos con, es obligado mencionarlo, diseño de producción, dirección artística, vestuario y fotografía impecables, así como una colosal banda sonora del gran gurú John Williams. El reparto no sólo ha sido escogido por ser popular en occidente, hay que ser justos; todos son bastante buenos, y -no podía ser de otra forma en una obra tan lucida como ésta- lo vuelven a demostrar con solvencia. Zhang Ziyi (Hero, La Casa de las Dagas Voladoras) hace honor con su trabajo a la frase más conocida del film “una geisha no vende su cuerpo, sino su destreza”, mostrándose sólida además de hermosísima en el papel de la legendaria geisha Sayuri, que cautiva a los hombres más poderosos de sus días, dejando atrás esa pequeña niña arrebatada de su familia para trabajar como sirvienta. El elenco de secundarios es más de lujo aún que su protagonista: Michelle Yeoh (Tigre y Dragón), elegante como siempre, se torna lo mejor de la cinta, mientras que las presencias de un convincente Ken Watanabe (El Último Samurai) y de Gong Li (Adiós a mi Concubina), que expresa muy bien con su rostro, y particularmente con los ojos, la fuerza y la compleja personalidad de la malvada Hatsumono, no se quedan demasiado tras la estela de la Yeoh. El problema de este reparto es que sus protagonistas son chinas (malaya en el caso de Michelle Yeoh) haciendo de japonesas, lo que resulta un cante enorme, porque se nota muchísimo, y deja en evidencia la catetada de que “todos los chinos (metiendo en el saco de chino a los japoneses, vietnamitas, coreanos y demás orientales) son iguales y nadie lo va a notar”; que eso lo diga un espectador, todavía, pero que los responsables del film cuiden al máximo los pormenores, saltándose este “detallito”… En fin. Aceptando el hecho de que estamos ante una fábula (una 'Cenicienta' japonesa, de hecho), y no le podemos pedir más realismo que a Blancanieves o al Gato con Botas, el lustroso y apabullante recital de imágenes y música de una belleza y exquisitez mayúscula logran por sí solos que las más de dos horas de metraje nos parezcan atractivas. Visto así, ¿cómo es posible que todo este onírico tinglado haya salido más bien poco beneficiado por las críticas? Pues la respuesta la tenemos en que su historia no está nada bien dosificada; se detiene mucho en determinados episodios mientras que otros los pasa casi de puntillas. Apenas profundiza en nada de lo que cuenta, a pesar de tener algún que otro elemento que bien tratado podría elevar mucho el nivel del film, como la irrupción de occidente tras la Guerra Mundial o esa historia de amor cogida con pinzas y huérfana de alma. No obstante, estas carencias del guión sosito que cuenta poca cosa son idénticas a las de la laureada por los críticos más duros Chicago, encumbrada inexplicablemente en la ceremonia de los oscar del 2003. A ver en qué quedamos… Dirección: Rob Marshall. Duración: 145 min. Intérpretes: Zhang Ziyi (Sayuri), Ken Watanabe (Presidente), Michelle Yeoh (Mameha), Gong Li (Hatsumono), Kôji Yakusho (Nobu), Youki Kudoh (Calabaza), Kaori Momoi (Mamita), Cary-Hiroyuki Tagawa (Barón). Guión: Robin Swicord y Doug Wright. Música: John Williams. Fotografía: Dion Beebe. Dirección artística: Patrick M. Sullivan Jr.
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