Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 3 de octubre de 2005
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A Pesar de Todos
Juan Carrasco
Posiblemente el Tarantino español, hablar del manchego universal es hablar de éxito y controversia por igual. Casado con la polémica y bendecido con el don del arte, la historia fílmica y personal de Pedro Almodóvar está plagada de rupturas y reconciliaciones con el propio cine español; nunca reconocido del todo por sus compatriotas, posee una carrera meteórica y envidiable (eso es una evidencia, pese a quien pese) que más de un director quisiera para si. Nadie puede afirmar que las películas de Almodóvar le sean indiferentes; o se adora o se detesta, lo cual, dicho por él mismo, no le parece malo en absoluto (antes muerto que desapercibido).

Es nuestro director más conocido –mirando por el retrovisor a un Alejandro Amenábar que viene como un bólido-, y su presencia en el panorama internacional siempre se torna protagonista (especialmente en Francia, capital del cine europeo). Viendo sus inicios en la década de los 80, nadie habría apostado por su consagración como director de obras reconocidas. Con la movida madrileña de fondo, de la que él mismo es uno de los precursores (este hombre ha hecho de todo), la evolución desde sus primeras películas ha sido a paso de gigante. Su primer filme, Pepi, Lucy, Bom y Otras Chicas del Montón (1980: inicio de una década que ha marcado la cinematografía española.), resultó un éxito sorprendente. A esta película siguieron Laberinto de Pasiones (1982), Entre Tinieblas (1983), ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984), Matador (1986), La Ley del Deseo (1987) –ésta ya producida por “El Deseo”, empresa hoy referencia en España que funda junto a su hermano Agustín-, y su primer gran noviazgo con el público y la taquilla: Mujeres al Borde de Un Ataque de Nervios (1988). A partir de esta fecha la evolución personal y profesional de Almodóvar es notable y la búsqueda de la madurez le ha sentado, a lo Clint Eastwood, más que bien. Tras el citado punto de inflexión, y exceptuando el fiasco de Kika en 1993, sus trabajos van superándose a si mismos unos tras otro, siendo catalogados, cada uno de ellos, y progresivamente, como el mejor del director hasta la fecha. Primero llegó Átame (1989), con un jovencísimo Antonio Banderas (otro de los grandes descubrimiento del manchego) que aún no se había ido a hacer las américas. Con Tacones Lejanos (1991), la estética cambia: los colores deslumbrantes inundan la pantalla, y sus personajes femeninos, sus favoritos, cobran ya un definitivo protagonismo (con el permiso de La Mala Educación, su última cinta este mismo año). La Flor de mi Secreto y el thriller Carne Trémula (con Javier Bardem) son el pistoletazo de salida definitivo al éxito internacional que llega con Todo Sobre mi Madre (1999), su mejor obra hasta la fecha, que logró el Oscar a la mejor película extranjera -¿recuerdan a Penélope Cruz berreando “Peeeeeeedroooooooo”?-, y de paso reconciliarle (brevemente) con la academia española logrando el Goya ese mismo año. Hable con Ella en 2002, una historia profunda sobre hombres que lloran a sus amores inertes, obtuvo por primera vez en la historia para un español la nominación de Hollywood al mejor director y el Oscar al mejor guión original. Aquello supuso el más espantoso ridículo de la academia española y, de paso, su ruptura definitiva con el clan Almodóvar, ya que inexplicablemente no se reconoció ese año como se merecía a esta película, que pasó sin pena ni gloria por la ceremonia de los desprestigiados Goya.

Sus historias, que, sin traicionarse a sí mismo, se han alejado del petardeo de sus orígenes, se han llenado de una sensibilidad fuera de lo común y su forma de rodar ha ganado a la vez en quilates y colorido. Precisamente el colorido, desde los carteles de sus películas hasta los créditos del final, se ha convertido en su sello más personal, y adornan su universo melancólico en el que hace protagonistas a los personajes que la sociedad mira de reojo o nombra con la boca pequeña. Gustos aparte, se merece el reconocimiento mundial que posee y nuestro humilde homenaje desde estas líneas.

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