Juan Carrasco De las Heras nació en Ceuta en abril de 1976, aunque desde hace años vive principalmente en Granada, donde cursa la carrera de Física.

Su mayor afición y pasión desde la infancia es el cine de todas las épocas y estilos, que lo ha convertido en un todoterreno de la materia. Colaboraciones en revistas universitarias entre otras publicaciones, cursos de crítica en la Facultad de Filosofía y Letras y otras actividades socioculturales han dado salida a sus inquietudes entre las que el cine siempre ha contado con un lugar de honor.

Desde julio de 2004 es el responsable de una sección semanal titulada "La Opinión del Espectador" en el diario "El Faro de Ceuta". Se declara ferviente admirador del Clint Eastwood director de cine, de la corrosiva ironía de Groucho Marx y de Vito Corleone. En las largas temporadas que pasa fuera de su ciudad, siempre tiene un segundo de nostalgia cuando le cuenta a alguien que es un "homínido ceutí" en el exilio.

Email: corleonne76@yahoo.es








Fila 7
Ceuta, 23 de agosto de 2004
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Los Caballeros de la Mente Cuadrada
Juan Carrasco

El Rey Arturo

Mal empezamos cuando se nos anuncia a bombo y platillo “la verdad detrás de la leyenda” de una historia demasiado remota y desconocida –bien sabido es lo mucho que tiene de mito y lo poco de realidad- como para que alguien pretenda ser poseedor de la verdad absoluta, pero así de grandiosos son los americanos con sus proyectos...

El productor Jerry Bruckheimer nos hizo llegar a las pantallas el año pasado su Piratas del Caribe, una apuesta que le salió francamente bien. Esta vez, en las mismas fechas, ha tenido bastante menos éxito.

El caso es que la idea a priori tiene cosas buenas, como tratar de manera realista lo que solía ser carne de cuento de hadas. Contar de otra forma una historia tantas veces contada y que parezca nueva –esta vez Arturo es un militar romano, Merlín un líder tribal carente de magia y Ginebra una guerrera- le proporciona una originalidad muy atractiva. Como atractivo y estético es el ambiente oscuro (casi de cine europeo) creado por los iluminadores, que son de lo mejor del equipo. Lo otro mejor es la música: Hans Zimmer ha creado una banda sonora que consigue transmitir la atmósfera adecuada en las escenas importantes. Sin embargo, cuando intenta dar dramatismo a otras donde simplemente no lo hay, roza lo cómico. Además, el guión es simple en exceso y los diálogos llegan a ser ridículos en determinadas ocasiones. Hay que añadir que sobran minutos en esta puesta en escena con numerosos toques “braveheartianos” y alguno de El Guerrero Nº 13 –salvando las distancias, por supuesto-. Del mismo modo, apreciamos que falta espectacularidad y cuidar mucho más los detalles, como marcas de pendientes en respetables altos cargos romanos de la época, que se podían disimular, o cicatrices que aparecen y desaparecen. La carencia a lo largo de toda la película de un mayor número de extras disminuye bastante su realismo; de ahí lo inverosímil que resulta que el destino de toda Britania dependa de seis (¡!) amigos (léase Arturo y sus cinco caballeros), ayudados por un puñado de irreductibles lugareños, que no gustaban de ser invadidos y saqueados por los sajones. Claro que si uno de esos “amigos” es un tal Tristán capaz de acertar con una flecha en el pecho de un enemigo escondido en la copa de un árbol a quinientos metros y con una muralla de por medio, ya se va entendiendo la cosa... (¿era realmente necesaria esa escena?)

El reparto, en general, hace lo que buenamente puede, que no es mucho, aunque sí más de lo que se le podía pedir, visto el panorama de unos papeles que no se creen ni ellos mismos. Clive Owen, rostro secundario de Gosford Park y El Caso Bourne y alias el rey Arturo, en quien más se centra la cámara y por ello al que más se le nota la rigidez, se pasa con cara de dolencia hepática toda la película (incluido cuando está ante el altar). Parece que van a tener que elegir otra película para “realzar” sus carreras, ya que todos son prácticamente desconocidos, exceptuando a Keira Knightley (Quiero ser como Beckham, Piratas del Caribe: la Maldición de la Perla Negra), que vuelve a meterse en un papel de reparto (otro más) y a la que, por cierto, le sienta muy bien el “aspecto guerrero” de Ginebra, estéticas runas pintadas en su cuerpo durante el combate final incluidas.

En resumen: bien la ambientación y muy mal la puesta en escena. Sólo nos queda esperar a que pase agosto (cinematográficamente hablando, claro) y lleguen tiempos mejores a partir de septiembre, cuando se tiene previsto que empiecen a asomarse a nuestros cines “mejores cosechas”.

Dirección: Antoine Fuqua. País: USA-Irlanda. Año: 2004. Duración: 130 min. Intérpretes: Clive Owen (Arturo), Keira Knightley (Ginebra), Ioan Gruffudd (Lancelot), Stephen Dillane (Merlín), Stellan Skarsgard (Cedric). Guión: David Franzoni. Música: Hans Zimmer. Fotografía: Slawomir Idziak.

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