Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 4 de febrero de 2010
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El virus de la moqueta
Juan Luis Aróstegui
Ante la obscena indiferencia de quienes nos gobiernan, la mortífera lacra del paro se extiende imparablemente corroyendo las entrañas de nuestro pueblo. Miles de corazones secuestrados por la angustia que provoca el agotamiento de la esperanza. Miles de hombre y mujeres para los que la necesidad, la ansiedad y la amargura son el único sustento diario. Datos como balas que se incrustan en la conciencia de cualquier persona decente. Pero desde los confortables despachos oficiales el dolor no se siente. Flotan en su mundo maravilloso, rodeados de boato, y ajenos a la zozobra que padecen los que tiene que mantener una familia, con honradez y dignidad, sin medios ni recursos para ello. Un denso muro de flashes, vanidad y soberbia les impide ver el sufrimiento. Hastiados por tanto olvido e incomprensión, los parados han salido a la calle para gritar su desesperación. Y el Gobierno de la Ciudad se ha ofendido. Les fastidia que se hayan hecho visibles, porque de este modo se les desmorona el montaje de la arcadia feliz. Por eso los insultan. Los llaman ignorantes, que son manipulados por intereses políticos con la única intención desgastar al Presidente Vivas. Estremecedora reacción. La preocupación del Consejero de Empleo no es la tragedia de más de nueve mil ceutíes (que, entre otras cosas, le pagan el sueldo), sino la salud política y el estado anímico de su Presidente. Los parados deben rumiar su desgracia resignadamente y en silencio para no alterar la paz espiritual de los engreídos mandatarios. Se confirma así, el devastador poder del conocido virus de la moqueta, del que no parece escapar ningún cargo público, y que es capaz, incluso, de transformar a personas inteligentes y centradas en zotes insensibles alejados por completo de la racionalidad. No conforme con el insulto, el Gobierno desafía al sindicato que ha ofrecido cobertura a la movilización de los parados, acusándolo de carencia de propuestas, en un patético intento de demostrar a la opinión pública que no hacen nada porque no hay nada que hacer. Rotunda mendacidad. Además de una extensa relación de iniciativas de muy variada naturaleza y alcance temporal, reiteradamente expuestas y reivindicadas; se pueden señalar tres muy concretas, a corto plazo, que mitigarían de manera inmediata los efectos del paro. Uno. Un compromiso real de los empresarios con el empleo local. La contratación de transfronterizos se ha convertido en norma. En todos los sectores. No lo hacen porque sean mejores trabajadores, sino porque el endurecimiento de las condiciones laborales (jornadas interminables, ausencia de derechos, y menores retribuciones) supone un atractivo factor de rentabilidad al que no están dispuestos a renunciar. Paradigma de la insolidaridad. Los empresarios demandan constantemente (y obtienen) cuantiosas bonificaciones, millonarias subvenciones y suculentos contratos de la administración; pero a la hora de corresponder comprometiéndose con los intereses generales, son extremadamente remisos y huidizos. Su propio beneficio como única referencia de actuación. Pero el Gobierno no debería consentir esta situación. Debe promover (y forzar) un pacto institucional entre administraciones y agentes sociales que se traslade a los contratos, convenios colectivos y demás normas correspondientes; y que obligue a los empresarios a contratar a los ceutíes so pena de perder todas las ventajas de las que disfrutan. Pero de esto el Gobierno de la Ciudad no quiere ni oír hablar. Son plenamente conniventes con los empresarios. Culpables. Las hipotecas contraídas con determinados grupos anulan el margen de maniobra. Y quizá también empiece a percibirse una cierta incompatibilidad moral del Consejero de Empleo, íntimamente vinculado a un despacho de asesoramiento empresarial. Dos. Una economía en la que, en el sector privado, el empleo clandestino supera al empleo legal está herida de muerte. Así es, ante una pasividad irresponsable que sonroja y aturde. No se puede entender que esto suceda en una Ciudad tan pequeña, y fácilmente controlable, salvo que la administración lo tolere voluntariamente. Con los medios que tiene disponibles la inspección del trabajo actualmente, acometer el problema del empleo ilegal, es como pretender vaciar el mar Mediterráneo con una cucharilla de café. El Gobierno de la Ciudad y la Delegación del Gobierno, erigidos en profetas de la lealtad institucional (concepto ridiculamente vacuo), deberían unir sus fuerzas para poner en macha una unidad de inspección de trabajo especializada en la detección y sanción del empleo clandestino, dotada con medios materiales, recursos humanos y apoyo político suficiente. ¿Qué intereses, confesables o no, impiden poner en marcha esta medida que, por sí misma, operaría un cambio radical en el mercado laboral? Tres. Ceuta necesita un modelo de Plan de Empleo similar al PER que está implantado en otras regiones españolas, en especial, en Andalucía y Extremadura. El Gobierno debería reclamar con fuerza este derecho. En su defecto, y mientras tanto, sería conveniente redefinir el instrumento actual para adecuarlo a las necesidades específicas de nuestra Ciudad. Los planes de empleo se han ido deformando y devaluando hasta hacerlos prácticamente inservibles. Una especie de "pedrea" del empleo, que adjudica contratos de efímera duración sin criterio ni objetivos. Se impone una reforma basada en tres pilares. Los planes de empleo deben ser gestionados por la administración local, que dispone de recursos, capacidad funcional y soporte legal para su correcto desarrollo. Así mismo, es imprescindible establecer un nuevo contrato, de al menos un año de duración, que genere un posterior acceso al subsidio por desempleo, y con unas condiciones laborales reflejadas en Convenio Colectivo. Por último, es preciso aplicar criterios de selección más meticulosos para la designación de los beneficiarios, de manera que se mejore ostensiblemente la eficacia de su acción paliativa. No harán nada. El desprecio del PP por los parados (coreado por sus correligionarios escondidos en las siglas del PSOE) no tiene límites. Ellos solo viven para sus votos. Y los tienen. Todo lo demás lo consideran molestas monsergas pasajeras.
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