Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 18 de febrero de 2010
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El Cuento de la Buena Pipa
Juan Luis Aróstegui
En dos mil cuatro, el Pleno de la Asamblea, por unanimidad, acordó el inicio de la reforma del vigente Estatuto de Autonomía con la intención de transformar Ceuta en una Comunidad Autónoma de conformidad con lo dispuesto en la Transitoria Quinta de la Constitución. Transcurridos seis largos y malgastados años, salpicados de elocuentes silencios, mentiras groseras y excusas sonrojantes, el PP ha presentado públicamente un documento para el debate que se ajusta al contenido del acuerdo plenario. El PP se pronuncia a favor de cumplir la Transitoria Quinta. Sorprendente. Sólo aparentemente. En realidad estamos ante un nuevo episodio de la factoría de ficción de Vivas. Todo cuanto emana del entorno del mutante Presidente está impregnado de falsedad. PP y PSOE, hace ya tiempo que llegaron a la conclusión (y pactaron) de que Ceuta no será nunca Comunidad Autónoma. Supondría un conflicto de enormes proporciones con Marruecos que, ni uno ni otro, irreductibles militantes de las "cuestiones de estado", están dispuestos a asumir. Los dirigentes ceutíes de estos partidos han desarrollado un esforzado ejercicio de reconversión mental, hasta llegar a aceptar la claudicación como un mal menor. Pero este plan sigue teniendo un fallo: la verdad. Todos los ceutíes, independientemente de su ideología, son perfectamente conscientes de que el rango de Comunidad Autónoma es el único pasaporte para el futuro. Hacer de la diferencia nuestra identidad es ofrecer Ceuta a Marruecos sin luchar. Es cierto que no hay ánimo suficiente para iniciar otra batalla; pero eso no es óbice para que en lo más recóndito de la intimidad, cada ceutí se reconcilie con esta obviedad. Ahí reside el temor, casi pánico, que embarga a los traidores. Piensan que el reconocimiento público de su traición los puede alejar definitivamente de la confianza del pueblo caballa. Por eso viven asidos a la mentira. En este argumento está la justificación de aquel acuerdo plenario tan inesperado. El PP pretendía retener la corriente de votantes procedentes del desarticulado movimiento localista, y calmar la conciencia de buena parte de sus bases que siempre estuvieron comprometidas con la lucha autonómica; y el PSOE, por su parte, todavía se proponía resucitar (es preciso recordar que la debacle del PSOE en Ceuta comenzó cuando se opuso frontalmente a la lucha del pueblo ceutí por la Transitoria Quinta). Para perfeccionar su engaño, lo adornaron con una premisa cargada de sentido común: el nuevo Estatuto debía ser fruto del consenso entre los dos grandes partidos. Este planteamiento les permitía mantener la mentira sostenida en el tiempo. Ninguno era responsable directo y entre los dos siempre encontraban una coartada para la demora. Una especie de versión política del conocido "Cuento de la Buena Pipa". Así languidecía en el imaginario colectivo la reivindicación más trascendente de la historia moderna de Ceuta. Hasta que la ingenuidad, la incompetencia o una mezcla de ambas cosas, provocada por un sentimiento de desahucio definitivo, ha reventado el invento. El PSOE ha dicho públicamente que Ceuta no debe ser Comunidad Autónoma. Como la condición de que el nuevo Estatuto deber ser consensuado es inamovible; le ha brindado a Juan Vivas la coartada que estaba esperando. Experimentado en el arte de la astucia taimada, se ha lanzado a la yugular. Ahora, el PP aparece como adalid de la Transitoria Quinta porque sabe que la estupidez del PSOE convertirá a este partido en único responsable de la frustración general. El PP conseguirá su propósito: Ceuta no será Comunidad Autónoma; pero podrán decir públicamente (con visos de credibilidad) que no son culpables de este desenlace. El PSOE se ha autoinmolado para mayor gloria de Juan Vivas. Infunde una inmensa tristeza asistir a la liquidación de un partido llamado a ser alternativa desde los valores progresistas, a manos de una irresponsable cuadrilla de cuatreros de siglas, cuya única aspiración es mantenerse agarrados a las alfombras, inmerecidamente regaladas, de las que disfrutan. Forjados en una legitimidad tramposa y antidemocrática, han sacrificado todo el potencial de su partido (y era mucho) en aras a sus espurios intereses particulares. Si en dos mil doce Zapatero remonta y consigue ganar, renovarán sus cargos. Si no, emigrarán. Del PSOE a penas quedará el recuerdo y un sueño roto de lo que pudo ser y no fue.
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