Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 14 de enero de 2010
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Tocar el vidrio con la nariz
Juan Luis Aróstegui
"Quien sabe, dijo la Maga. A mi me parece que los peces ya no quieren salir de la pecera, casi nunca tocan el vidrio con la nariz". Este breve fragmento de una obra de Julio Cortazar, describe con clarividente sencillez la situación a la que el pueblo de Ceuta se ha dejado conducir. Casi. En su dimensión política, Ceuta y Melilla son dos ciudades condicionadas por un hecho diferencial que les imprime un carácter de singularidad identitario. Ambos territorios están sometidos a un contencioso internacional especialmente complejo. Marruecos, el país que se afana en arrebatarnos la soberanía sobre Ceuta y Melilla, es, a su vez, aliado preferente de España y una pieza estratégica clave de nuestra política exterior. Diabólico. Es metafísicamente imposible ser amigo de un enemigo. Todo aquello que refuerza la españolidad de Ceuta, o mejora su nivel de prosperidad, irrita enormemente a Marruecos. Los dos partidos que se alternan en el Gobierno de la Nación se sienten impelidos a mantener un delicado y sutil punto de embrague que les permita, simultáneamente, no perturbar sus relaciones con Marruecos (evitando decisiones que se puedan interpretar como hostiles), y no encolerizar a la opinión pública española en general, y ceutí y melillense en particular, renunciando a su obligación constitucional de defender los intereses de una parte indisoluble de España. La resolución de esta perversa ecuación, asumida en lo esencial por PSOE y PP, aunque con leves matices diferenciadores, quedó sintetizada en la famosa expresión "cuestión de Estado". Esa es la pecera en la que pretenden recluirnos a empujones. En el resto de España los límites para ejercer la política están marcados por la Constitución, mientras que en Ceuta y Melilla, existen otros, invisibles aunque tanto o más infranqueables, que son las "cuestiones de estado". Por eso la política en Ceuta es diferente. Según su modo de entender Ceuta y Melilla, PSOE y PP excluyen del ámbito de intervención política todo aquello que pueda ocasionar fricciones con Marruecos. Aunque ello suponga ocasionar tremendos perjuicios a las dos ciudades. Se considera un mal menor. Infinidad de ejemplos, sobradamente conocidos, tales como la autonomía, la OTAN o, más recientemente la ilusoria Aduana Comercial, ilustran con inapelable contundencia esta afirmación. El escenario ideal, diseñado y pactado implícitamente por los dos partidos mayoritarios, es que los ceutíes interioricen sumisamente los nuevos límites marcados por este peculiar sentido de la oportunidad política ("las cuestiones de estado"), y nos conformemos con movernos en ese reducido espacio. Nos dejan nadar en libertad por el agua de la pecera abriendo la boquita, de vez en cuando, para recibir la comida que nos van esparciendo convenientemente dosificada. El problema radica en que lo que dejan fuera del infame contorno es, precisamente, todo aquello que afecta de lleno a nuestra dignidad como pueblo y a las bases de futuro; de manera que su aceptación equivale a un suicidio, aún sin fecha, pero un suicidio. Por este motivo, para lograr plenamente su objetivo, tienen tanto empeño en aniquilar definitivamente el localismo. Este nombre aglutinó, a mediados de los años ochenta, a miles de ceutíes en un movimiento (repartidos en diversos partidos) que era la expresión política de la lucha por la dignidad del pueblo de Ceuta, siempre menospreciada por los partidos de implantación nacional. Una exaltación del valor de la independencia. La defensa a ultranza de los intereses de Ceuta sin cortapisas, condiciones, ni hipotecas, se constituía en el eje vertebrador de toda su acción política. El localismo era un enemigo muy peligroso, que ponía constantemente en evidencia los planes traicioneros de PSOE y PP. Ambos se aliaron, y se emplearon a fondo, para erradicarlo sin escatimar medios políticos y mediáticos para tal fin. Y a fe que casi lo han conseguido. De aquellos luchadores por la dignidad a penas quedan mil quinientos apoyando al PSPC que ha resistido heroicamente desde su extrema debilidad. Pero manteniendo viva la llama de un discurso político imprescindible e insustituible en Ceuta. Por ello, cualquier hecho que contribuya a favorecer esta causa, fortaleciendo el exhausto movimiento localista, y propagando entre la ciudadanía la necesidad de impulsar una lucha decidida por alcanzar los grandes objetivos del Siglo XXI (aún en contra de la injusta intransigencia del PSOE y del PP), supone una inyección de esperanza de incalculable valor. En esta clave hay que interpretar la ruptura de la negociación entre UDCE y PSOE. A partir de ahora, quizá seamos más golpeando el cristal. Ojala algún día lo podamos romper y reencontrarnos con la dignidad.
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