Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 21 de enero de 2010
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Socialistas explotadores
Juan Luis Aróstegui
Uno de los fenómenos sociológicos más interesantes del tiempo presente, es el que se ha dado en llamar "el fin de las ideologías". Según esta teoría los que eran pensamientos alternativos han sufrido un proceso de aproximación que ha terminado por fusionarlos hasta hacerlos indistinguibles. Hoy en día, en los países de nuestro entorno, las políticas de los partidos de izquierdas y derechas son perfectamente intercambiables. De hecho, los gobiernos cambian sin que esto altere la dinámica social en sus claves fundamentales. Es cierto que en algunos aspectos relacionados con las libertades y derechos de los ciudadanos aún existen diferencias reconocibles; pero en la concepción del sistema productivo, que constituye la piedra angular del modelo social, la coincidencia es prácticamente absoluta. En su configuración primigenia, entre ambas doctrinas se elevaba un muro insalvable. Para la derecha, la explotación de los trabajadores no es sólo consustancial con la actividad económica, sino que, además, la consideran positiva en tanto que supone un estímulo generador de riqueza e impulsor de progreso. Sin embargo, para la izquierda, la explotación del hombre por el hombre es rotundamente inaceptable, porque en ella está el origen de la desigualdad y de la injusticia. Es radicalmente imposible sentirse de izquierdas y aceptar la explotación en ninguna de sus formas o modalidades. La izquierda, por definición, debe ser intransigente con la explotación. La política económica que propugna el partido que dice encarnar los principios de la izquierda en nuestro país, el PSOE, se encuentra cada vez más contaminada e identificada con los postulados conservadores. Una prueba concluyente es el entusiasmo con el que se aplican en la progresiva privatización de los servicios públicos. La elección de este modo de gestión no obedece a parámetro alguno de eficiencia o eficacia desde el punto de vista económico, sino, exclusivamente, a la intención de reducir el coste de los servicios mediante una indecente explotación de los trabajadores que los prestan. Incompatible con el socialismo. Dando por sentado este corolario con carácter general, y como en cualquier otra faceta de la vida, cada realidad concreta presenta matices, intensidades y grados diversos. No todas las actitudes son iguales. En nuestra Ciudad estamos viviendo en estos momentos un caso paradigmático que representa la peor versión posible de esta perversión ideológica. El servicio de limpieza de las instalaciones militares está privatizado. Un colectivo de trabajadores, en su mayoría mujeres, limpia los cuarteles por un salario notablemente inferior al que percibían los empleados públicos que lo hacían anteriormente. Esto sucede bajo un gobierno socialista (dicen). Pero no queda ahí la cosa. Ahora pretenden ahorrar más. Para ello no recortan sus inmerecidos sueldos o sus gastos superfluos en recepciones, dietas y demás prebendas, sino que rebajan la cantidad destinada a pagar los, ya de por sí, modestísimos sueldos de los trabajadores. Y, por supuesto, teniendo que realizar el mismo trabajo. Otra vuelta de tuerca en términos de injusta explotación. La situación es, en sí misma, indignante. Pero todavía lo es más la reacción de los socialistas (dicen) locales. No mueven ni un músculo. Una espeluznante exhibición de insensibilidad impropia de los valores de la izquierda. Para esta casta de travestidos ideológicos, que han hecho del socialismo su profesión, el sufrimiento de los trabajadores provocado por sus propias decisiones es una cuestión baladí. Lo que a ellos realmente les importa y les preocupa, pertrechados tras sus equívocas corbatitas, es cobrar desmesurados sueldos por hacer de comparsas de la derecha mientras explotan a los trabajadores.
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