Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 28 de enero de 2010
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Remando en la orilla
Juan Luis Aróstegui
 

El tiempo, el implacable. El régimen de Vivas ya ocupa una década. Es heredero de sus propios actos y se le han agotado las excusas apoyadas en el obligado periodo de maduración que requiere todo proyecto. Ha administrado quinientos mil millones de pesetas para llegar a un inane punto de partida. Sólo mitigado por un indiscutible éxito estético, que ha sido capaz de obnubilar a un pueblo miope de ambición castrada.

La política turística es un ejemplo perfectamente ilustrativo del modelo de gestión del PP liderado por Vivas. Tras encadenar diez años avanzando prodigiosamente y cosechando espectaculares resultados, hemos logrado que a Ceuta no vengan ni los pájaros. Una política turística, que ellos mismos tildan de excelente, y que no genera ni un solo turista. No importa. Lo sustantivo es la propaganda. Atosigante. Sólo así se puede entender que una fruslería tal como la incorporación a una asociación, la puedan presentar como un rutilante hito histórico. Es la permanente exaltación de la ridiculez. Cada temporada, coincidiendo con la romería que organizan hasta la capital para ejercer de paletos saludando autoridades, nos obsequian con una insufrible retahíla de porcentajes, convenios y declaraciones que nos transportan a un lugar irresistiblemente paradisíaco. Ceuta se convierte en epicentro del turismo mundial. Guiados por los medios de comunicación quedamos estupefactos ante el milagro turístico obrado por el clarividente Gobierno local. Inigualable esplendor. El hecho de que las calles de Ceuta estén siempre desiertas y los establecimientos cerrados o vacíos, debe ser tan sólo el empecinamiento de un destino cruel que se niega  a reconocer la abnegación de nuestros gobernantes.

Abandonando la vergonzosa ensoñación mediática, y volviendo a la dura realidad, la posibilidad de consolidar el turismo en Ceuta como un sector productivo que merezca tal consideración, requiere una reflexión rigurosa y sincera, que no esté secuestrada por el inmoral interés electoral del PP (a estas cosas se debería dedicar el CES y no a hacerle la ola a Juan Vivas). Para ello es preciso partir de un hecho incuestionable. Tras más de veinte años remando, no hemos salido de la orilla. Todos los esfuerzos (bienintencionados) y todo el dinero invertido (mucho) han sido baldíos. Cada una de las tentativas ha seguido idéntico camino hasta la frustración. No tiene mejor traza el último invento del "turismo náutico", para colmo, supeditado a la colaboración de los empresarios locales, sin tener en cuenta que los empresarios de Ceuta (los pocos que quedan) han perdido toda capacidad emprendedora y carecen de la más mínima vocación inversora. Contagiados del espíritu funcionarial que domina la Ciudad, y habiendo renunciado a reivindicar una política que favorezca la regeneración del tejido empresarial, sus aspiraciones se ciñen a gestionar los contratos públicos que obtengan de la administración a través de su indecente servilismo.  

Además de una cuestión previa y colateral de indudable incidencia y trascendencia como es el problema de las comunicaciones (no debería pasar inadvertido el magnífico artículo de José María Campos, publicado en este periódico, sobre el desarrollo de Tánger); quizá ha llegado el momento de poner en cuestión la premisa universalmente aceptada hasta ahora de que "Ceuta alberga un enorme potencial turístico". La idea motriz de que nuestra envidiable posición estratégica entre dos zonas turísticas de primer nivel (el norte de Marruecos y la costa andaluza) permitiría desviar flujos turísticos hasta Ceuta con relativa facilidad, se ha revelado errónea. Parece justo lo contrario. Es precisamente la fortísima atracción que ejercen ambos polos lo que impide nuestro despegue. Es imposible competir. También sería interesante conocer y medir con rigor el impacto negativo que provoca nuestra imagen pública de Ciudad conflictiva, entre los potenciales consumidores de un producto que se fundamenta en la diversión y la tranquilidad.

Es probable que nos esté pasando como a aquellos padres que, cegados por la pasión, exageran las cualidades de su hijo hasta el paroxismo, reforzados por los allegados que asienten cínicamente por pura cortesía. Hasta que llega un tercero, sin compromiso alguno, y desvanece la fabulación con un simple golpe de realismo. En cualquier caso, lo que se hace tan urgente como imprescindible, es contar con un diagnóstico objetivo y fiable de nuestras auténticas posibilidades, emitido por expertos en la materia que no estén contaminados por un interés económico o político, que los induzca a engañarnos una vez más. Esta Ciudad soporta un abultado déficit de verdad.

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