Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 3 de diciembre de 2009
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Se precisa psicoanalista
Juan Luis Aróstegui
Un insignificante ajuste del calendario escolar, con motivo de la ubicación de un día no lectivo pendiente de fijación, se ha convertido en un agrio y virulento debate público de exageradas proporciones. Mal síntoma. Tras un mes de titubeos, indecisiones y voluntades zigzagueantes; al final, el pasado lunes no hubo clase, para facilitar que el alumnado musulmán pudiera participar de la Fiesta del Sacrificio que se había celebrado dos días antes. La próxima semana también hay puente. De esta manera, habremos acumulado tres puentes en cuarenta días, mientras el regreso de vacaciones de navidad se hará en viernes (hecho sin precedentes). Un prodigio de ingeniería pedagógica que nos sitúa al borde del psicoanálisis. Para llegar a esta insólita conclusión, el PP ha tenido que ningunear a la Consejera de Educación y el PSOE ridiculizar a su Director Provincial. Un rotundo éxito político de UDCE que, con sólo tres concejales, ha logrado imponer su criterio (e interés) por encima de cualquier otra consideración. Tanta irracionalidad parece excesiva, incluso para un lugar como Ceuta, que no se caracteriza precisamente por la lógica de sus comportamientos colectivos. Tiene su explicación. En realidad ha sido un debate reflejo. Lo que ha encendido los ánimos no ha sido la calidad pedagógica del calendario escolar (por más que los sindicatos representativos del profesorado se hayan empeñado en ello), sino el conflicto social larvado que subsiste en Ceuta sobre el tratamiento que deben tener las fiestas religiosas musulmanas. Es una dolorosa prueba de inmadurez, impropia de este tiempo, que esta cuestión aún no esté resuelta. La mayoría de la población que vive en Ceuta es musulmana (si descontamos de los cuarenta mil cristianos censados las residencias ficticias, cifradas en diez mil; y añadimos a los treinta y cinco mil residentes musulmanes los no censados, procedente de Marruecos). Este es un hecho característico determinante que no puede ser obviado, y que debe tener su adecuado acomodo en la organización social de la Ciudad. Máxime teniendo en cuenta que la musulmana es una cultura en la que las convicciones religiosas están profundamente arraigadas. No tiene sentido seguir negando la realidad. En los días de celebración religiosa islámica (Pascua del Sacrificio y Fiesta del Ramadán), las aulas se vacían, las obras se paran, los mercados y comercios cierran, las familias se multiplican para atender a las persona dependientes y realizar las labores domésticas... La Ciudad se torna taciturna y extraña; pero no es festivo. El racismo más o menos consciente que anida en la conciencia de demasiados ceutíes, ha convertido esta eventualidad en la barrera simbólica que delimita el máximo aceptable en la configuración del poder político. La idea dominante en este nutrido sector de opinión es que Ceuta debe mantener la jerarquía de etnias, claramente establecida, independientemente de los cambios demográficos y sociales que se han venido produciendo. Según esta peculiar teoría, que podríamos llamar "racismo bondadoso y compasivo", los musulmanes pueden disfrutar de todos los derechos constitucionales, y es necesario propiciar una convivencia pacífica; pero ni se pueden considerar iguales, ni por supuesto pueden llegar a "mandar". Este modo de pensar, dulcificado y disimulado con multiformes coartadas intelectuales para evitar el vértigo que supone el reconocimiento de ser racista, es el más influyente en las formaciones políticas de ámbito nacional en nuestra Ciudad, en especial en el PP. Por ello se sienten obligados a realizar un permanente ejercicio de malabarismo dialéctico que les permita conciliar la presión de sus bases, sustentada en una versión propia del "no pasarán", con la realidad irreversible de que "ya han pasado". Lo que ocurre es que esta pobre estrategia de corto alcance no se puede mantener indefinidamente, porque abunda en el engendro y la anormalidad, conduciendo a tensiones tan innecesarias como imprevisibles. Es la negación del horizonte. Ceuta no puede seguir abstraída por más tiempo, secuestrada por un enfermizo sentimiento de estéril racismo nostálgico. Es imprescindible, y urgente, desprenderse de ancestrales complejos venenosos, y empezar a construir una Ciudad de futuro, dotada de un alma nueva emanada de la sincera comunión de todos de cuantos vivimos en esta tierra. Es una tarea inaplazable en la que no sobra nadie, y en la que partidos políticos e instituciones tienen un protagonismo irremplazable como vanguardia activa. Es la hora de dar un paso al frente, asumiendo riesgos y superando obstáculos, convenciendo a los incrédulos, animando a los escépticos y orillando a los fanáticos irreductibles. Quizá así llegue un día en que podamos discutir el calendario escolar pensando exclusivamente en el interés del alumnado.
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