Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 24 de diciembre de 2009
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La insolvencia con siglas
Juan Luis Aróstegui
Haciendo un somero repaso de la historia del PSOE en Ceuta, cualquier observador neutral llegaría a la conclusión de que es completamente imposible que tal cúmulo de errores y disparates se hayan producido de manera involuntaria. En caso de que así fuera estaríamos ante un fenómeno digno de una tesis doctoral sobre los límites de la estupidez humana. No puede ser. La explicación reside en el desarrollo de una estrategia política predeterminada que tiene su origen en la declarada vocación promarroquí de la generación que moldeó el PSOE en los albores de la democracia. Para el PSOE Ceuta siempre ha estado muy por detrás de Marruecos en el orden de prioridades. Y si actúan con cierto recato y disimulo en sus pronunciamientos públicos es, exclusivamente, porque saben que sus posiciones son mal aceptadas (todavía) por la mayoría de la sociedad española. Los ceutíes percibieron al PSOE como un partido enemigo. Porque supone una contradicción intrínseca pretender hacer política contra las personas a las que se dice servir. Por ese motivo el PSOE, el primer partido de España, tiene en Ceuta una bochornosa presencia testimonial. El cambio generacional, auspiciado por un inesperado triunfo electoral en el año dos mil cuatro, alumbraba una posibilidad de redefinición de la política del PSOE respecto a Ceuta. Tenía ante sí una oportunidad inmejorable. Por una parte, las condiciones objetivas en nuestra Ciudad eran muy propicias. Existía una voluntad firme, ampliamente compartida entre toda la izquierda sociológica, de convertir el PSOE en un nuevo proyecto integrador, con una identidad propia reconocible, capaz de dar respuestas a los complejos desafíos que se ciernen sobre el futuro, y de generar confianza e ilusión entre una ciudadanía muy descreída. Por otro lado, la consustancial ambigüedad de Rodríguez Zapatero, despertaba la esperanza de que se decantara a favor de los intereses de Ceuta. Iniciativas audaces como su propia visita, o la del Rey, imprimían certidumbre a esta opción. Nos movíamos, como en toda la política de Zapatero, en una especie de ruleta que gira sin mucha lógica a la espera de un resultado final impredecible. Pero al menos, y aunque remota, había una posibilidad real de cambio. El Congreso extraordinario del PSOE local celebrado hace un año, llamado a ser un proceso de refundación en el camino correcto, concluyó como una impresentable operación antidemocrática que arruinó cualquier alternativa de cambio. La dirección federal reprodujo en Ceuta la peor versión posible de su pasado. Es difícil saber si fueron razones estratégicas (reafirmación de la línea promarroquí) o consecuencia de una ineptitud superlativa. Lo cierto es que dejaron al PSOE absolutamente vacío, mutándolo en la insolvencia con siglas. Expulsaron a sus mejores hombres y mujeres. Rechazaron toda aproximación a las organizaciones políticas y sociales que habitan en el espacio progresista. Y se desprendieron de cualquier cosa parecida a una idea. El PSOE ha vuelto a su sitio. Es decir, a la nada con altavoz. La dirección (todo lo que queda de partido) está detentada por un minúsculo grupo de advenedizos carentes de ideología, neoprofesionales de la política enganchados al pesebre de los presupuestos públicos, lo que provoca, además, un efecto perverso: son asalariados del Delegado del Gobierno, que a su vez es un patético acólito del PP (por razones inconfesables), lo que convierte al PSOE en un irrisorio apéndice del Gobierno de la Ciudad que a penas balbucea alguna crítica de orden menor, sin convicción, para justificar su existencia. Su bagaje programático es nulo. Nadie sabe lo que piensa el PSOE respecto a ninguna de las cuestiones que interesan a la ciudadanía. Pero es aún peor. Es absolutamente incapaz de asumir un mínimo compromiso con los valores esenciales de la izquierda. Es un partido tolerante con el racismo, contrario a los intereses de los trabajadores, insensible con los colectivos más necesitados, remiso en la defensa de las libertades e indiferente (cuando no inductor) ante la xenofobia. Ahora les ha entrado vértigo. Parece que no se quieren conformar con el indigno papel de irrelevante estrambote cooperante con la derecha reaccionaria, que ellos mismos se han asignado. La mera posibilidad de que el nuevo proyecto iniciado entre en UDCE y PSPC (del que ellos estaban llamados a ser piedra angular y lo declinaron despectiva y ofensivamente) pudiera consolidarse como una alternativa al PP fundamentada en el ideario progresista, los ha desquiciado. Y se han lanzado a dinamitarlo con falsos cantos de sirena, envenenados hasta el tuétano. Otro favor al PP y al Gobierno de Vivas por el que les estarán eternamente agradecidos.
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