Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 8 de octubre de 2009
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Nueve mil personas invisibles
Juan Luis Aróstegui
 

Periódicamente, de manera inexorable, las escuetas y antipáticas cifras oficiales del paro en nuestra Ciudad, irrumpen con violencia en el espacio informativo. Más de nueve mil personas están sufriendo el drama del desempleo. Aquí, junto a nosotros.  Es un dato conmovedor, cuya mera constatación, debería ser suficiente para sacudir la conciencia colectiva. Sin embargo, en Ceuta, el virus de la indiferencia malignamente inoculado por quienes detentan el poder, ha terminado por extinguir tan preciado atributo. El egoísmo exacerbado ha encallecido el alma de nuestro pueblo hasta convertirnos en un ente absolutamente insensible que ha perdido la capacidad de indignación. Estamos huecos. Ni sentimos, ni padecemos.

Para llegar a este deprimente estadio sin remordimiento, hemos interiorizado con indudable éxito las mas avanzadas técnicas de invisibilidad de los conflictos, aplicadas con destreza y maestría por la infame coalición (PSOE/PP) que nos malgobierna. El más cómodo y eficaz antídoto contra una enfermedad social es hacerla desaparecer ante la opinión pública. Así operan en este caso. El problema del paro, en Ceuta, oficialmente no existe. En primer lugar porque las "cifras no son reales" (mensaje sibilino hábilmente difundido), ya que no todos los que están apuntados en el paro quieren trabajar verdaderamente, y muchos de ellos tienen su solución particular en la economía sumergida. Por otro lado, la inmensa mayoría (musulmanes) pertenece a una extracción social de muy escasa influencia en el devenir de la disputa del poder. Ni protestan ni votan. En consecuencia, no cuentan para quienes tienen en el voto su única referencia vital. Los demandantes de empleo de los sectores dominantes ya conocen a la perfección las artimañas para agarrarse a los generosos presupuestos públicos y quedar a salvo de la desagradable contingencia del desempleo. De este modo, los nueve mil parados, invisibles, están condenados a deambular sin esperanza encadenados a su tragedia personal, ante la estremecedora indiferencia de sus conciudadanos.

Pero lo que debe quedar meridianamente claro es que no estamos ante un castigo divino de origen esotérico, sino ante la consecuencia de una acción política compartida por el Gobierno de la Ciudad (PP) y la Delegación del Gobierno (PSOE). Hace tiempo que ambos partidos llegaron a la triste conclusión de que Ceuta carece de futuro, y que es imposible articular un sistema económico coherente, consistente y solvente. La única alternativa que contemplan, aunque con fecha de caducidad, es la respiración asistida desde el dinero público (como en las colonias). Por ello se han inhibido por completo de impulsar cualquier iniciativa en materia económica. Se limitan a dejar pasar el tiempo. Los parados son computados, con desdén, como inevitables daños colaterales. Tan sólo cuando su propia vergüenza los desborda,  o piensan que las débiles voces críticas que aún quedan pueden desenmascararlos, se sienten en la obligación de ofrecer una respuesta. Entonces surgen inopinadamente fugaces titulares que iluminan por un instante la densa oscuridad. Y empiezan a aparecer puestos de trabajo por doquier. Hoteles, empresas de industria digital, muelles de contenedores, macroprisiones, y un largo etcétera de vanas elucubraciones sin más finalidad que sostener la vanidad mellada de los incompetentes y omisos responsables de la inanición. Como fuego de artificio, todo se desvanece con prontitud, devolviéndonos a la esperpéntica realidad.

Este comportamiento es reprobable en sí mismo. Aunque en el caso de la derecha, siempre cruel con los necesitados e insolidaria por definición, es consecuente y no sorprende mucho. Lo que resulta absolutamente deleznable es que un partido político como el PSOE, envuelto en la bandera del pensamiento progresista de izquierdas, se dedique a asesinar impunemente y sin ningún tipo de escrúpulos, todos los principios y valores que han forjado tan noble ideología. Para los hombres y mujeres de izquierda el sufrimiento de los más débiles es la razón de ser de su militancia. Los que aquí han usurpado las siglas del PSOE para favorecer a la derecha más reaccionaria por puro interés personal, mientras ignoran y desprecian a los parados, son sencillamente repugnantes.

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