Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 1 de octubre de 2009
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Juan Luis Aróstegui
Un magnífico artículo publicado el pasado sábado en El País por el catedrático de Filosofía de la Universidad de Barcelona, Manuel Cruz, explicaba con notable precisión y encomiable claridad los efectos del fenómeno de nuestro tiempo que se ha dado en llamar "el fin de las ideologías". Una primera característica muy significativa es que el modelo de vida imperante se apoya en la idea, cada vez más extendida, de que uno debe gestionar su propia vida con los mismos criterios con los que gestionaría su empresa (si la tuviera). En el mundo actual, los individuos han perdido la posibilidad de incidir en el desarrollo social y político de la sociedad en la que viven. Una segunda consecuencia determinante es que la aparente y enfática afirmación del individualismo como la norma indiscutiblemente deseable, encubre la operación de reducir al individuo a mero consumidor, y su mundo de objetos, a nombres de marcas y logotipos. Se lleva a cabo una reformulación del cogito cartesiano en los nuevos términos de un "compro luego existo". En este contexto, el único sujeto posible es un sujeto que, a pesar de la creciente evidencia de un universo de despiadadas relaciones de poder intermediadas por la tecnología, aún mantiene sus expectativas humanistas de decencia, justicia y dignidad. Pero también ha alcanzado el grado de lucidez y consciencia suficiente como para no hacerse grandes ilusiones acerca de sus expectativas. Este brillante análisis, que con diversos matices, intensidades y variantes es de aplicación universal, nos proporciona algunas claves esenciales para comprender hechos que sufrimos habitualmente bajo el signo de la perplejidad. Es muy difícil digerir el rotundo triunfo de la mentira en nuestra vida pública. La política se ha convertido en una permanente exhibición de habilidad para el engaño. Lo importante para los políticos no es cómo gestionar la realidad sino desarrollar la capacidad de persuasión que les permita prosperar en el exótico mercado de la confianza electoral. La actividad política es una campaña publicitaria más. Como en todos los anuncios, lo que difunden los partidos políticos es media verdad, una exageración, una trampa o una mentira directamente. Un ejemplo concluyente de este modo de proceder lo encontramos en la infame campaña organizada por el PP contra la subida de impuestos. A todas horas, y por todos loe medios posibles, persigue a los ciudadanos la sombra de la reaccionaria gaviota, y su repelente soniquete, enviando un mensaje radicalmente falso a la par que indecente. Cuentan que es posible mantener todos los servicios públicos, los niveles de protección social y salir de la crisis reduciendo impuestos. Saben perfectamente que todo cuanto preconizan en relación con la política fiscal y económica que se pueda aplicar en estos momentos es mentira. Como único argumento para dar credibilidad a semejante ensoñación blanden lo acontecido en mil novecientos noventa y seis. Pero sin aportar ni un solo dato más. Ocultan malintencionadamente que las coordenadas económicas de aquel momento no guardan ninguna semejanza con las actuales. Mienten con alevosía porque están convencidos de que la inmensa mayoría de los ciudadanos son egoístas e insolidarios, y se sentirán irresistiblemente atraídos por el anuncio de una política que los hará más ricos sin esfuerzo adicional. Una trágica versión del conocido cuento "El flautista de Hamelín·" Cuando ganen las elecciones (esperemos que nunca), y controlen el poder (lo único que pretenden) ya tendrán tiempo de inventar otras mentiras para retorcer su propio discurso hasta hacerlo irreconocible y mantener el sistema inalterado. En perfecta sintonía con la dialéctica de la tergiversación podemos considerar a nuestro Presidente como un auténtico avanzado a su tiempo. Se ha convertido en un refinado experto en el arte de la mentira, que prodiga en todas sus modalidades con insuperable perfección. Juan Vivas, a pesar de presumir reiteradamente de sentirse plenamente identificado con los postulados del PP, ha subido los impuestos en Ceuta. Injusta y desorbitadamente. En concreto el que afecta al precio del combustible, que repercute en la economía de todas las familias de una manera directa (mediante el consumo) o indirecta (a través elevación del coste de transporte que afecta a todas las mercancías y servicios). Sin embargo él, sin mover un músculo, sostiene lo contrario. Se trata de "la implantación de un mecanismo de estabilización automática del mantenimiento del diferencial de tipos impositivos con el régimen tributario general" (o una milonga parecida). Vamos que antes por cada litro se pagaban trece céntimos, y ahora se pagan veintiuno (un sesenta por ciento más). Pero no importa. A fin y al cabo, tampoco los coches vuelan, ni los niños crecen dos metros comiendo un bocadillo, ni una gota de detergente lava quinientos platos. Lo que importa no son las cosas que pasan en la realidad, sino lo que la gente, inducida al engaño, cree que puede pasar. Por eso todos debemos estar tranquilos. Trece es exactamente igual que veintiuno. Palabra de Vivas.
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