Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 6 de agosto de 2009
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El tiempo justo de la foto
Juan Luis Aróstegui
 

La marginación injusta e injustificada es una constante de la política aplicada en Ceuta por los gobiernos del PP y del PSOE indistintamente desde hace tres décadas. En todos y cada uno de los ámbitos. Es una frustrante realidad que hemos terminado por interiorizar con vergonzante resignación. Por ello nos quedamos contemplando con irritante desdén los habituales menosprecios, atropellos y vejaciones que nos infligen, como si procedieran de un designio sobrenatural inmutable. Y sin embargo, no son más que los efectos de una voluntad política que se puede combatir y modificar perfectamente.

Desde hace quince años, algunas voces (pocas) se desgañitan en vano exigiendo la implantación en nuestra Ciudad de un Plan de Empleo similar al que disfrutan otras regiones españolas como Andalucía o Extremadura. Por una simple cuestión de equidad. Si existe una zona de España en la que concurran las circunstancias que justifiquen una medida de política social de esta naturaleza ésa es, sin la menor duda, Ceuta (y Melilla).

La situación de Ceuta en relación con el empleo no admite parangón. El tejido productivo, extremadamente débil, obsoleto y estático, es incapaz de generar empleo suficiente para absorber, a medio plazo, una población activa en constante aumento, muy joven, con escasa cualificación y dificultades objetivas para su inserción laboral. La consecuencia directa es la existencia de un paro estructural creciente, concentrado además en un determinado segmento de la población, lo que transforma un problema de origen económico en un complejo y determinante conflicto de orden social que amenaza muy seriamente la viabilidad futura del proyecto de convivencia. Los argumentos para dotar a Ceuta de un Plan de Empleo son, en cantidad y cualidad, muy superiores a los que asisten a las Comunidades en las que se viene manteniendo el llamado PER desde tiempo inmemorial. ¿Por qué se priva a Ceuta de este instrumento? ¿Por qué PSOE y PP niegan a Ceuta lo que conceden a otros que se encuentran en mejores condiciones? Amargas preguntas que quedan suspendidas en la sima de la sempiterna sospecha.

La presión sindical ejercida en su momento para alcanzar este objetivo, combinada con una tímida sensibilidad mostrada, paradójicamente, por el PP, lograron el reconocimiento del hecho y, con ello, la puesta en marcha de los actuales planes de empleo. Un éxito parcial, ya que se trata de un sucedáneo concebido para otra finalidad (formativa), que sólo extiende la protección durante un periodo ínfimo, y no como en el caso del PER en el que la ayuda se mantiene mientras subsiste la necesidad. No obstante, supuso un innegable avance que reforzó considerablemente nuestra escuálida red de protección social. Fue un aceptable punto de partida desde el que deberíamos haber ido perfeccionado el mecanismo en la dirección correcta, hasta convertirlo en un PER adaptado a las especificidades de Ceuta, que permitiera taponar la hemorragia social que provoca un desempleo exacerbado  irresoluble a corto plazo.

Sin embargo, la evolución que han seguido los planes de empleo ha sido precisamente la contraria. Los sucesivos responsables de la Delegación del Gobierno, sin excepción, creyeron haber encontrado un filón de clientelismo político. Los utilizaron para captar votos aprovechándose obscenamente del estado de desesperación de los más débiles. Y así, los fueron desnaturalizando paulatinamente. No se diseñan atendiendo a los intereses de los parados, sino para calmar la sed electoral de sus administradores.

Este  proceso se ha visto inusitadamente acelerado por la infame gestión del actual Delegado del Gobierno. Quien humilló a los beneficiarios del plan de empleo al más puro estilo franquista, obligándolos a hacer cola en su despacho para que firmaran en su presencia y le "debieran el favor"; limitó la duración del contrato a seis meses, y ahora, reduce la jornada a veinticinco horas semanales. Los contratos del próximo plan de empleo serán contratos temporales de seis meses, y  a tiempo parcial. Un suspiro de incidencia insignificante en la vida de los trabajadores afectados. Pero lo que realmente importa es que sean muchos los que desfilen por las dependencias del insigne mandatario inclinando la cerviz. Terminarán por hacerles el contrato por el tiempo indispensable para hacerse la foto. 

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