Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 2 de julio de 2009
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Crueldad
Juan Luis Aróstegui
La falsa reapertura del debate autonómico está generando un espectáculo deprimente no exento de cierta crueldad. Porque, por momentos, adquiere tintes de mofa. La lucha por la autonomía ha sido una de las páginas más hermosas escritas por el pueblo ceutí en su historia reciente. Fue, más que una reivindicación política al uso, un grito de esperanza compartida que galvanizó nuestra identidad colectiva. Libramos una muy dura batalla por la dignidad de Ceuta. Logramos conmover muchas conciencias. Y llegamos a arrinconar al gobierno de entonces, que se vio forzado a romper su hermético planteamiento inicial, cediendo hasta el límite máximo aceptable por Marruecos. El fruto de tan gigantesca movilización fue el actual Estatuto. Salimos derrotados, porque no alcanzamos el objetivo trascendente y sustancial, que era el reconocimiento del rango de Comunidad Autónoma que nos hacía iguales al resto de territorios que integran el Estado español. Aquella memorable lucha concluyó definitivamente quedando incompleta. Así lo decidieron de común acuerdo los dos partidos que monopolizan las expectativas de gobierno y, consecuentemente, ocupan de manera abrumadora todo el espacio público. Su motivación original se ha ido difuminando paulatinamente hasta borrarse del imaginario colectivo. El ímprobo y heroico esfuerzo protagonizado en solitario y a contracorriente por los vestigios de lo que fue el vigoroso movimiento localista, ha resultado infructuoso. La inmensa mayoría de la ciudadanía, en especial la juventud, ya ni comprende ni asume la importancia de la lucha autonómica, que ha quedado como estéril rehén de la nostalgia. Fundamentalmente por dos motivos. Uno. Hay datos objetivos que muestran con rotundidad la posición contraria, tanto del PSOE como del PP, a dotar a Ceuta de un Estatuto de Comunidad Autónoma. Ambos partidos están absolutamente convencidos de que no compensa deteriorar las relaciones con Marruecos por esta causa. El PP, otrora firme baluarte de la defensa de la Transitoria Quinta, dispuso de una holgada mayoría absoluta en el Congreso que no quiso utilizar para promover el prometido cambio de naturaleza de nuestro Estatuto. Concluyente. Desde entonces no oímos del PP nada más que discursos indescifrables y contradictorios de marcada vocación embaucadora. Por su parte, el PSOE, expresó con palmaria nitidez su oposición a la Transitoria Quinta, a través del elocuente silencio de Zapatero cuando visitó Ceuta. Si hubiera albergado una remota opción de iniciar un proceso de reforma del estatuto en esta dirección, no habría desaprovechado aquella oportunidad inmejorable de hacerlo público. Los ceutíes ya han interiorizado que este es un capítulo cerrado, porque no se sienten con fuerza suficiente para doblegar una alianza tan poderosa. Contra PSOE y PP, juntos, no hay nada que hacer. Dos. El sentimiento caballa, entendido como una ilusión espontánea surgida del corazón que impulsaba a los ceutíes a arriesgar en el plano individual por defender nuestra tierra, se ha venido deshilachado hasta la inanición. Al éxodo psicológico, ha seguido el éxodo físico, lento pero imparable. El auge de las casas regionales de Ceuta diseminadas por la península es un fiel reflejo de este fenómeno. Ya, a penas quedan un puñado de caballas, tildados de quijotes, trufados entre una mayoría indolente con el apego justo que proporciona una suculenta nómina. En estas condiciones, plantear cualquier reivindicación que implique un sacrificio, por mínimo que sea, es una quimera. En este contexto, y por un mezquino interés estratégico partidista, el PP ha pretendido hacernos creer que ha resucitado esta reivindicación sepultada, entre otros, por ellos mismos. La consecuencia es que las dos formaciones políticas culpables de la traición, PSOE y PP, aún sabiendo perfectamente que jamás prosperará la iniciativa en el Congreso de los Diputados, se han lanzado, en un simulacro de polémica, a inundar los medios de comunicación de bochornosas declaraciones, que provocan hilaridad cuando no repugnancia. Oír al Secretario General del PSOE pidiendo un informe sobre la legalidad de la Transitoria Quinta treinta años después; o al docto y preclaro presidente del PP, disertando sobre las capacidades competenciales, es un insulto que los ceutíes no nos merecemos. Al menos, que respeten la memoria de lo que fue uno de los episodios más nobles de nuestra existencia como pueblo, en el que miles de ceutíes se entregaron, pletóricos de grandeza y generosidad, buscando un lugar digno en la historia. Que no arrastren cruelmente por el lodo de su indigencia emocional aquel maravilloso recuerdo.
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