Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 25 de junio de 2009
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A ritmo de record
Juan Luis Aróstegui
 

El pintoresco gobierno de retales y pastiches elegido por Juan Vivas para la presente legislatura, parece hallarse incurso en una frenética carrera de superación consigo mismo que lo está llevando a cotas muy próximas al surrealismo. A ritmo de record. Ahora han hecho desaparecer cuarenta y una viviendas, y ochenta y siete plazas de garaje. Sin que se note nada en absoluto. Tiene un enorme mérito. Cada vez se comprenden mejor las razones por las que rescataron del gilismo al influyente consejero que se ocupa de la política de vivienda. Operaciones de esta envergadura requieren un auténtico profesional  forjado en una escuela de prestigio contrastado.

EMVICESA, mediante un convenio con el ministerio del ramo, adjudicó un proyecto de ciento veintisiete viviendas y otras tantas plazas de garaje en el Monte Hacho. La financiación,  por un importe ligeramente superior a dos mil millones de pesetas, corría a cargo del ministerio que, puntualmente, envió la cantidad convenida. El Ayuntamiento, sin embargo, sólo ha construido ochenta y seis viviendas y cuarenta plazas de garaje; a pesar de haber consumido todo el presupuesto. Por este motivo los técnicos responsables se niegan a firmar la recepción de las obras. Existe una obvia discrepancia entre la obra proyectada y la efectivamente ejecutada. Además, se han producido otras deficiencias de menor rango, tales como la reducción unilateral y fraudulenta de las calidades previstas, o la variación arbitraria en las mediciones, que incluso vulneran, en algunos casos, las prescripciones legales para las viviendas de protección oficial. Para mayor envenenamiento, la aplicación de los fondos ha estado plagada de irregularidades. Siguiendo el método moderno implantado por la administración Vivas (consiste en ir tapando huecos, improvisadamente, a medida que el dinero va llegando y los acreedores van apremiando), nadie sabe a ciencia cierta lo que se pagó en su día con aquellos fondos, ni cómo se está abonando ahora la deuda a la constructora que, impaciente, comenzó a apretar con preocupante insistencia. Un edificante paradigma de la contabilidad creativa y la prestidigitación financiera.

Todo esto permanecía oculto y avalado por una estremecedora ignorancia generalizada. Hasta que el sindicato comisiones obreras presentó una denuncia ante el ministerio de la vivienda. Y la hizo pública.

El Gobierno activó su particular protocolo para afrontar aquellas situaciones en las que queda al descubierto. Con ese aire de ridícula suficiencia que adopta, como sintiéndose cínicamente ofendido,  descalificó a los denunciantes con los amortizados argumentos de siempre. A renglón seguido,  y una vez garantizado el marchamo de impecabilidad de todo cuanto  hace el Gobierno de Juan Vivas, explicó que el expediente era un ejemplo de pulcritud y que la administración central estaba perfectamente informada de cuanto había ocurrido. Eso sí, no mostró ni un solo documento que respaldase sus afirmaciones. Su palabra como dogma de fe. Los medios de comunicación escritos, rememorando con brillantez la práctica periodística del franquismo, publicaron la contestación del Gobierno, antes y en lugar de la denuncia. Prueba superada.

Pero en esta ocasión (a veces sucede) el ministerio afectado se negó a colaborar con la farsa. Y declaró públicamente que no ha recibido ninguna información sobre estas alteraciones, y que ellos tienen la conciencia de haber financiado las ciento veintisiete viviendas, y los ochenta y siete garajes. El Gobierno había mentido de manera dolosa, con alevosía y premeditación. Insultantemente infame. En condiciones de normalidad democrática, un engaño a la ciudadanía de este calibre hubiera tenido alguna consecuencia política. El reino de Juan Vivas se rige por otras reglas. Promesas (falsas) eternamente renovadas y victimismo lacrimógeno como antídoto infalible contra la corrupción en carne viva.

Pero más sorprendente que la aparición de este nuevo escándalo, es la connivencia culpable de la oposición. El PSOE ostenta la dirección política de la Delegación del Gobierno. Resulta inconcebible, desde un elemental respeto a la decencia y al cumplimiento del deber, que el PSOE no haya sido capaz, no ya de tomar una sola medida, sino, incluso de emitir ni una sola opinión al respecto. La fusión entre PSOE y PP en Ceuta, ha conseguido neutralizar todos los mecanismos de control que prevé el sistema, permitiendo que los corruptos se desenvuelvan con total impunidad. El PSOE  ha alcanzado un grado de perversión difícil de creer. Los que no están jubilados, están uncidos al pesebre del presupuesto que maneja el Delegado del Gobierno. Éste, a su vez, está férreamente dominado por el Presidente Vivas, del que es un siamés subordinado y protector.  Las obras en las que ambos tienen depositadas sus esperanzas, en especial, la nueva prisión y el enlace entre el puerto y la frontera, actúan como indestructible factor de cohesión. Así que, a través de esta diabólica ecuación de control indirecto, el PSOE ha quedado reducido a un patético encubridor de todos los desmanes que comete el turbio magma que mueve Juan Vivas.

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