Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 30 de abril de 2009
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El aplauso social
Juan Luis Aróstegui
 

El Gobierno de la Ciudad ha rechazado la propuesta formulada por UGT de crear un órgano permanente para desarrollar el diálogo social. La respuesta es perfectamente acorde con la política propugnada por el PP local en esta materia. El hecho de que la última reunión entre sindicatos, empresarios y administración, date de mediados del año dos mil seis, es suficientemente revelador. El Presidente se descompone ante la sola idea de tener a los sindicatos como interlocutores. Así que ha decidido esconderse indefinidamente tras una amplia y variada panoplia de excusas pueriles. De esta manera, nuestros gobernantes contribuyen a reforzar esa vitola de Ciudad extravagantemente diferente con la que tantos se empeñan en etiquetarnos. En todas las comunidades autónomas el diálogo social fluye con naturalidad, independientemente de los éxitos o fracasos que coseche. Sin embargo, y abundando en la paradoja, la región española más castigada por el desempleo, que se debate amargamente entre los escombros de un modelo económico hecho añicos, no es capaz siquiera de arbitrar un espacio de encuentro y debate entre los agentes económicos.  

Es cierto que las competencias fundamentales en el ámbito económico corresponden al Gobierno central tal y como recuerda reiteradamente el Presidente para eludir su responsabilidad. Es otra de las malformaciones que tenemos que sufrir por el hecho de haber quedado al margen del estado de las autonomías, recluidos en un estrafalario limbo político pergeñado por el PP y el PSOE para ocultar su traición. Esta no es una cuestión menor, porque el sistema está diseñado bajo la hipótesis de que España se organiza en Comunidades Autónomas. No es fácil sobrevivir siendo un residuo. Aunque así lo hemos querido los ceutíes aportando nuestra impenitente desidia.

En cualquier caso, esta atípica situación no exime al Gobierno de la Ciudad de su obligación de implicarse para reactivar la economía y luchar contra el paro. Más bien al contrario, debería inducirlo a redoblar sus esfuerzos. Ante la dificultad del reto, y atendiendo a su trascendencia, debería afanarse por trazar un plan estratégico consensuado con partidos políticos, agentes sociales y sociedad civil; y aplicarse con todos los instrumentos a su alcance para reivindicarlo como  un objetivo prioritario de la sociedad ceutí en su conjunto. Pero nada de esto sucederá, porque la auténtica razón de la deserción del PP no está en la residencia de las competencias.

Por una parte, el PP hace tiempo que llegó a la conclusión de que los problemas estructurales de Ceuta no tienen solución. Y por ello carecen de propuestas alternativas. Piensan (en consonancia con amplios sectores de la población), que lo único que nos queda por hacer es pedir dinero compulsivamente al estado para que todas aquellos que dependen de los presupuestos públicos, de una u otra manera,  puedan disfrutar de una vida tranquila y acomodada mientras el tiempo pone las cosas en su sitio (un sitio enigmático que nadie se atreve a definir). Es una rendición en toda regla.

Por otro lado, existe un factor psicológico ligado a la personalidad del Presidente que también opera en la misma dirección. A pesar del empeño que ha puesto Juan Vivas  en aislarse del virus de "la alabanza desorbitada permanente", finalmente ha sucumbido a sus mortíferos efectos. Debe ser muy duro soportar diariamente tan enorme caudal de lisonjas, adulaciones y pleitesías. En toda hora y situación imaginables, el Presidente se encuentra con una pléyade de admiradores dispuestos a loar superlativamente su egregia figura como el "Sánchez Prados" del siglo veintiuno. El final de este tortuoso proceso es un secuestro intelectual que lo ha llevado a creer que, efectivamente, no existe más verdad que la dictada por él . Toda discrepancia se interpreta en clave de agresión. La opinión disidente es preterida, marginada, silenciada o vilipendiada. El Presidente Vivas se ofende, se enfada y se ofusca cuando se le lleva la contraria. Ya sólo se trata con quien previamente le declara sumisión incondicional a sus designios. Por eso CCOO le provoca urticaria. Porque es irreductible. Niega el diálogo social porque sólo concibe el aplauso social del que se ha convertido en un adicto en fase aguda.

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