Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 15 de enero de 2009
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Melodía de traición
Juan Luis Aróstegui
Ceuta no es Comunidad Autónoma. Esto es una obviedad ratificada incluso por el Tribunal Supremo de manera explícita e inequívoca. La consecuencia lógica, inmediata e incontrovertible, es que el régimen de funcionamiento de las Comunidades Autónomas no es de aplicación a Ceuta. Perogrullo en estado puro. Así, por ejemplo, nuestro Estatuto de Autonomía (eufemismo utilizado para designar una carta municipal) establece, en su artículo treinta y cuatro, en relación con el régimen económico de la Ciudad de Ceuta, que éste se ajustará a la "legislación del estado sobre régimen financiero de las Entidades Locales". Dicho de un modo muy simple, el Ayuntamiento de Ceuta se rige por la Ley de Haciendas Locales. Como el de Alcaudete. Por ello resulta hasta cómico el absurdo debate sobre la participación de Ceuta en el proceso de reforma del modelo de financiación autonómica. Ceuta no puede gestionar impuestos estatales (criterio esencial del modelo), ni tiene competencias en educación, sanidad y servicios sociales, que son los parámetros básicos para determinar la asignación de recursos. Nuestra Ciudad sólo puede aspirar a pedir subvenciones (con más o menos acierto o razón). Pero esa es otra cuestión. Entonces, ¿Cuál es el auténtico motivo de esta polémica? ¿Qué intención subyace al intentar aparentar a toda costa que somos lo que nos somos? Lo hemos podido comprobar en otras situaciones similares. Este ruido mediático, tan rutilante como estéril, es la melodía compuesta por el PP de Juan Vivas para encubrir su incalificable traición. Un alud de fotos, titulares de prensa, actos institucionales y discursos oficiales destinados exclusivamente a ocultar la puñalada que han asestado al pueblo de Ceuta con frialdad y alevosía. Los traidores, liderados por Juan Vivas, saben perfectamente que el sector más reflexivo de la población ceutí carece de la masa crítica suficiente para incidir en los resultados electorales (que es lo único que les importa). Y por ello se dedican a manipular, mediante consignas frívolas y superficiales administradas con destreza y precisión, a una inmensa mayoría silenciosa embargada por la más absoluta y culpable indiferencia. Les resulta fácil y rentable. Han debido pensar: "con cuatro gestos hábilmente escenificados, y dos palabritas bien dichas convencemos a estos idiotas de que somos una Comunidad Autónoma más, y así no nos piden responsabilidades". Y lo consiguen. El devenir de la historia situó a Ceuta en el inicio de siglo ante una encrucijada definitiva. La magnitud del trascendental desafío compuesto por la trilogía autonomía, economía e integración, exigía una actitud ciudadana entusiasta, combativa, comprometida y valiente. Pero nos arrugamos. Aceptamos la derrota antes de luchar. El liderazgo de Juan Vivas, que representa el envilecimiento, la cobardía y el mezquino materialismo que trueca orgullo por dinero, es la prueba irrefutable de que los ceutíes han dejado de creer en su condición de pueblo. Hemos abandonado el destino de Ceuta en manos de personas que han preferido su efímera gloria personal antes que librar la dura batalla que el tiempo, implacable, nos ha presentado; contagiándonos de ese individualismo disgregador de corto alcance que destruye cualquier empresa colectiva. Hemos acatado sumisamente una ofensa en forma de Estatuto que nos arrincona en el baúl de las causas perdidas de la conciencia nacional de los españoles. Hemos renunciado a implantar un modelo económico que nos permita vivir con la dignidad que proporciona la autosuficiencia. Nuestras reivindicaciones en esta materia se limitan a una indecente voracidad petitoria de fondos públicos poniendo como excusa a los más necesitados, para sostener los estúpidos privilegios de una élite egoísta e insolidaria. La política de integración la han reducido a colgar una ristra de bombillas en Ramadán y publicar un anuncio en la prensa felicitando las fiestas al pueblo musulmán. Patético. La herencia del imperio Vivas, tras despilfarrar un irrepetible caudal de confianza, será una ciudad socialmente fragmentada y económicamente muerta, bajo un régimen administrativo y político diferenciado del resto de las regiones que configuran estado español. En suma, una colonia desahuciada madurando lentamente su inexorable final.
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