Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 22 de enero de 2009
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La petición
Juan Luis Aróstegui
 

Aprovechando el proceso de modificación del modelo de financiación autonómica, el Gobierno de nuestra Ciudad se ha entregado con denuedo a pedir más dinero al Estado. Es la prioridad política del momento. Como casi todo lo que rodea al tenebroso equipo que ha organizado Juan Vivas en este mandato, la verdadera intención de sus acciones es otra muy distinta a la que enuncian. No estamos ante una reivindicación justa, legítima, rigurosa y reflexiva, sino ante un intento desesperado de cuadrar las cuentas municipales que una promiscuidad de promisión sin límites durante siete largos años, han situado al borde del colapso. El Ayuntamiento está económicamente herido de muerte. El debate sobre la financiación autonómica se les ha aparecido como una oportunidad inmejorable de pedir auxilio sin tener que reconocer previamente la delicada situación por la que atraviesan las finanzas municipales, como consecuencia de la malversación del gasto público utilizado, sin medida,  para ganar afectos, pagar prebendas, comprar silencios y captar votos.

El Presidente parte de la hipótesis (falsa) de que pedir dinero para la Ciudad es un fin bueno en sí mismo, independientemente del destino que se le asigne. Y en consecuencia, debe ser saludado y aplaudido por unanimidad. Se presenta así como un firme baluarte de la defensa de los intereses de Ceuta, dispuesto a pedir dinero "sin complejos", según sus propias declaraciones. La operación, para él, es perfecta. Consigue más gasolina para mantener en funcionamiento su portentosa maquinaria de corrupción; y además lo hace arropado por los incautos partidos de la teórica oposición, y admirado por la ciudadanía por su abnegación. Una falacia magistral.

Como cuestión previa, conviene dejar constancia de dos premisas que, aunque obvias, a menudo  se pierden de vista en este tipo de discusiones. Una. El Estado no tiene dinero, sino que administra los impuestos de los ciudadanos. Eso quiere decir que cuando se pide dinero del Estado se pide dinero a muchos compatriotas que aportan, no sin esfuerzo, sus recursos para la causa común. La demanda de solidaridad implica ser muy escrupuloso con el empleo de ese dinero. Dos. La distribución de recursos, por definición, se ve plenamente afectada del principio del "uso alternativo". Eso significa que el euro que viene a Ceuta deja de ir a otro territorio. Y en España existen muchísimas zonas deprimidas con tremendas carencias y problemas, lo que obliga a garantizar la lógica prioridad del gasto desde una perspectiva social.

Es absolutamente cierto que Ceuta es una de las regiones más necesitadas de España. Pero hay que empezar por decir que el mayor déficit se produce en el capítulo de infraestructuras y equipamientos. Y esta deuda histórica no se resuelve mediante subvenciones, sino a través de los correspondientes planes de inversión específicos contemplados en el Estatuto de Autonomía para dotarlos del mayor rango legal posible. Así lo hacen otras Comunidades (Andalucía y Cataluña como ejemplos más evidentes). Pero claro, eso supone, por una parte reconocer que tanto el PP como el PSOE son responsables del déficit, y por otra, exigir un Estatuto de verdad. Así que es mejor callar. Sobre esta cuestión trascendental, el Presidente no dice nada. Estará acomplejado. Siempre que un asunto hace colidir el interés de Ceuta con el interés del PP o del Presidente de la Ciudad, misteriosamente todo se volatiliza y desaparece de la escena pública.

Cerrado este camino, el Gobierno de la Ciudad ha centrado su estrategia reivindicativa en un hipotético desequilibrio de los gastos de funcionamiento de la entidad. Su argumento de referencia es la insuficiente financiación de las competencias transferidas. A este respecto es necesario recordar que el traspaso fue un acuerdo entre el Gobierno del PP y el Ayuntamiento gobernado por el PP. Se produjo un evidente desfase que  sólo  el PSPC denunció en su día (votó en contra en la Comisión de Transferencias). Todos estaban encantados. Más sarcasmo. El Ministro que firmó el acuerdo fue Rajoy. Por tanto, lo lógico es que el Presidente Vivas acompañe su reclamación con una petición expresa a todos los ciudadanos de que no voten al PP bajo ningún concepto, al ser único responsable del enorme perjuicio ocasionado a la Ciudad. Para redondear la faena, también el PP financió la equiparación de los salarios de los funcionarios transferidos con el presupuesto de las plazas vacantes, lo que contribuyó a incrementar el déficit de partida, al tener que aumentar después las plantillas con cargo a sus fondos ordinarios.

Si esto es tan grave como ahora dicen, ¿Por qué se ha mantenido así durante más de una década sin generar protestas? La respuesta es muy simple. El Ayuntamiento de Ceuta es inmensamente rico. Atendiendo a sus excepcionales circunstancias, dispone de un impuesto propio de una extraordinaria capacidad recaudatoria (IPSI), cuyo nivel mínimo está, además, garantizado también mediante subvenciones (en este año cuarenta y cinco millones); y de un nada desdeñable volumen de subvenciones y transferencias tanto de los presupuestos del estado como de los fondos europeos. El presupuesto del Ayuntamiento asciende a cincuenta mil millones de pesetas anuales. Una barbaridad. Suficiente para atender sus necesidades, incluidas las derivadas de nuestras peculiaridades, y hasta el desfase de la transferencias mal hechas. El problema ha surgido cuando la política irresponsable y frívola del PP ha agotado el margen de maniobra al comprometerlo en su integridad.

La segunda línea argumental, basada en el criterio de convergencia social, carece por completo de sentido, ya que los servicios esenciales que miden esta situación (sanidad, educación y servicios sociales) escapan a la gestión de un modesto ayuntamiento (por mucho Estatuto de "pega" que tenga). Ardid de trileros de poca monta.

El Gobierno de la Ciudad puede plantear nuevas reivindicaciones en materia económica. Sin ninguna duda. Pero para hacerlo con la fuerza moral que se precisa, ha de cumplir previamente dos requisitos. Uno. Justificar la correcta aplicación de los cuantiosos fondos que ya administra en función de los objetivos que dice perseguir. Dos. Demostrar que el nivel de esfuerzo fiscal que exige a los ceutíes es equivalente al del resto de comunidades. No se puede pedir a los demás lo que nosotros mismos no estamos dispuestos a ofrecer.

Lo que resulta inaceptablemente indecente es gastarse quinientos millones anuales en sueldos de los políticos del PP, doscientos para comprar medios de comunicación, trescientos en que el Presidente juegue a entrenador de un club de fútbol profesional, ciento cincuenta en bombillas de colores.... y a renglón seguido, ampararse en el fracaso escolar y el paro, con carita de bueno, para pedir más dinero. El Presidente ha perdido los complejos. Eso está muy bien. Pero no debería perder la vergüenza.

 

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