Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 31 de diciembre de 2008
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Punto final… o no
Juan Luis Aróstegui

El año dos mil ocho será recordado con alborozo por los integrantes del régimen corrupto instaurado por el PP en Ceuta. Han conseguido, prácticamente, culminar su laboriosa obra de ingeniería social, hasta destruir todo vestigio de libertad y discrepancia.

Iniciaron su andadura con el control de los medios de comunicación. Ingentes cantidades de fondos públicos han servido para que en Ceuta sólo se diga y se oiga lo que el PP dirigido por Vivas consiente. Han instaurado la censura económica. El férreo control ejercido bajo la amenaza (cierta) de "cerrar el grifo" resulta infranqueable. No hay resquicio a la oposición. Se comenta, a modo de broma, que se subasta en internet, a precio de oro, un ejemplar de El Faro en el que no aparece ninguna foto de Vivas.

Fundidos los plomos del circuito de opinión, se lanzaron a desactivar los movimientos sociales. Las asociaciones vecinales, como elemento reivindicativo, han quedado reducidas a escombros. Las han demolido a base de comprometer a sus dirigentes con modestas dádivas y contratos laborales. Ahora funcionan como una especie de terminales del Gobierno en las barriadas, que cepillan la ropa de los políticos a cambio de subvenciones.

La desactivación de los agentes sociales fue más costosa. A la vista de la imposibilidad de reducir a los sindicatos, han decidido prescindir de ellos. Los han subsumido a efectos de su participación en la vida pública, en el Consejo Económico y Social (que domina el PP por la mayoría que ellos mismos designan, incluyendo a los restos de la representación empresarial). Los empresarios han aceptado rápidamente las reglas de este nefando juego. Cautivos de las subvenciones, contratas y favores de la administración, han liquidado su condición crítica. Ya sólo defienden los intereses de una pequeña cúpula, indisolublemente vinculados a los del Gobierno de la Ciudad. Su deserción de la Plataforma por la Autonomía, alegando que se trataba un una reivindicación política (después de veinte años de participación activa en ella); con la única finalidad de no incomodar a Vivas y no verse en la tesitura de afearle el incumplimiento de sus compromisos, es una prueba irrefutable de su identificación con el dinero público.

Una oposición liderada por un partido inexperto, sin bagaje ideológico ni consistencia social, era una presa muy fácil para las fieras desbocadas. UDCE cayó muy pronto en sus garras. Un partido político que es capaz de pedir el voto en las barridas más desfavorecidas para apoyar con él un proyecto político sectario, elitista y endogámico, diseñado para el disfrute de los más ricos y que condena a la marginalidad eterna a los más necesitados, ha quedado moralmente desacreditado para siempre. Todo por un puñado de mezquinas prebendas. Este año, UDCE, también ha apoyado los presupuestos del PP.

Más difícil todavía. También han engullido al PSOE. La Asamblea constituyente (más bien debería llamarse desintegrante) ha convertido al PSOE en una especie de segunda marca del PP en la Ciudad. Para ello se han aprovechado de un personaje siniestro, que hace de Delegado del Gobierno, sin más ambición que esconderse tras su propia opacidad, y de un neófito que ha sucumbido, antes de empezar, al peso de la vanidad y a la erótica de moqueta y cartera.

Así, hemos conseguido llegar a vivir en una insultante paradoja. En la Ciudad con más paro de España, con el mayor índice de fracaso escolar; con el mayor déficit de vivienda y equipamientos básicos, con la menor protección social de todas las comunidades y rehén perpetuo de la impunidad de de las compañías navieras, eléctricas, etc, reina la felicidad completa. Tiene un mérito indiscutible.

De todos modos no hay nada perfecto. No siquiera le régimen de Vivas. No han podido comprarlo todo. Queda un reducto insobornable con tintes ya heroicos a modo de la célebre "aldea gala". Pocos, vapuleados y desasistidos. Pero aún así, este año consiguieron infligir una dura y edificante derrota al todopoderoso régimen imperial de Vivas. La Manzana de Revellín será un complejo cultural. Una bonita lección que deber servir como semilla de esperanza. No todo está perdido.

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