Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 18 de diciembre de 2008
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“Procede no admitir”
Juan Luis Aróstegui
Sórdido. El quirúrgico proceso de depuración interna del PSOE, se ha saldado con una portentosa exhibición de fascismo conducida por un comando de mediocres canallas sin escrúpulos ni principios. El diputado-tutor asignado por la dirección federal para tal cometido, que ha demostrado una proverbial indigencia intelectual, ha protagonizado uno de los episodios más abyectos y repugnantes de la historia política ceutí, ya de por sí tortuosa, desacreditada y jalonada por innumerables aberraciones. Ninguna como ésta. La drástica trituración de la disidencia, a sangre fría, sin imputación concreta alguna, y negando el elemental derecho a la defensa, no encuentra más parangón que los juicios sumarísimos de la dictadura franquista. Exacerbada indignidad democrática, que arrastra por el fango de la ignominia y la vileza una ideología muy respetada y reputada por su grandeza en otros lugares, y aquí, en Ceuta, secuestrada por vulgares cuatreros de la política. Fin de trayecto. Con esta decisión estratégica, los mandatarios del PSOE han asesinado la esperanza de construir un hermoso proyecto de futuro, fundamentado sobre la reunificación de la izquierda y la consolidación del pluralismo como expresión política de la diversidad. Las legítimas expectativas emanadas de los corazones limpios de la izquierda se han desvanecido. Comienza una nueva etapa. El PSOE no quiere a Ceuta. Lo demuestra siempre que tiene ocasión. Por eso no le importa que sus siglas sean vilipendiadas, ofendidas o maltratadas en una población remota que reiteradamente le vuelva la espalda. Por eso no le importa abandonar su prestigio a la suerte de un grupúsculo de ambiciosos desideologizados, cuya exclusiva motivación es su propia promoción personal. La elección de este modelo de partido, reconvertido en un club selecto de profesionales (malos) de la política, completamente ajeno a las dinámicas sociales, no es una casualidad. Obedece a la estudiada y asumida renuncia a competir con la derecha. Se sienten irremisiblemente perdedores. Por ello han optado por el viejo adagio: "si no puedes vencerlos, únete a ellos". Es lo que han hecho. Refugiados y cómodamente pertrechados tras los cargos públicos que ostentan gracias a los votos de la izquierda en otras zonas del país, han erupcionado como un ridículo apéndice del PP. Capitaneados por el inane y pusilánime Delegado del Gobierno, se han incorporado al esperpéntico séquito de Vivas, a modo de exótico apóstrofe, sirviendo de coartada legitimadora de las tropelías del PP. En el escenario político local, ya sólo podrán ser una vergüenza con chaqueta y corbata. Jamás podrán desprenderse del estigma de haber robado la ilusión de los progresistas para echarse en los brazos de la derecha por un miserable sueldo. Cuanto digan o hagan será inevitablemente eclipsado por su traición a los valores que dicen preconizar. La reacción de los corifeos mediáticos del régimen, generosamente financiado con fondos públicos, corrobora la plena identificación del Gobierno de la Ciudad con la postura (impostura) de este PSOE. Están encantados. Poder a perpetuidad. Por ello han sugerido a sus pregoneros que se entreguen con fervor a la sonrojante alabanza de sus nuevos compañeros de fatigas y actos oficiales. No todo está perdido. Quizá la característica más encomiable de cuantas adornan el ideario de la izquierda es la fe ciega en sus propias convicciones. Quienes han hecho de la rebeldía ante la injusticia, en todas sus formas y matices, la razón de ser de su participación en la política, no se van a rendir tan fácilmente. Dispersos, desprovistos de recursos, preteridos y silenciados por los medios de comunicación alquilados; seguiremos luchando. La izquierda insobornable, fiel a su esencia primigenia, fundida con las raíces de esta tierra y el sufrimiento de su gente, mantendrá indeleble su voz. Habrá un tiempo mejor.
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