Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 11 de diciembre de 2008
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4.000 puestos de trabajo
Juan Luis Aróstegui
 

El Delegado del Gobierno anunció, de manera oficial y solemne, la creación de cuatro mil puestos de trabajo durante el año dos mil nueve como consecuencia de las inversiones previstas por la administración central. Una afirmación desconcertante que infunde no poca inquietud.

El razonamiento esgrimido para tan delirante conclusión es la división sencilla entre las partidas presupuestarias (supuestamente) asignadas a Ceuta y el coste medio de un puesto de trabajo. Infantilismo en estado puro. Gran parte de las inversiones computadas son de carácter plurianual, la mayoría de ellas se iniciarán (en caso de hacerse) muy avanzado el año; de las cantidades realmente imputables al próximo ejercicio es preciso deducir los gastos de proyecto y dirección de obra, los gastos generales, el beneficio industrial y el coste de los materiales. La cantidad resultante, destinada a la mano de obra, se verá así mismo mermada por los efectos de la subcontratación y de la importación de mano de obra clandestina procedente de Marruecos. En el mejor de los casos, la creación de empleo neta en relación con el año anterior, a penas alcanzará a trescientos trabajadores.

Descartando la posibilidad de un fulminante deterioro de la salud mental del Delegado del Gobierno, podría argüirse que ha sido víctima de una supina ignorancia en materia de inversión y obras públicas. Pero tampoco ésta parece una explicación verosímil para una persona que lleva más de veinte años desempeñando cargos políticos de mucha responsabilidad y, lógicamente, conoce muy bien los entresijos de la administración.

La motivación de una conducta tan censurable sólo puede estar en su idílica relación con el Presidente de la Ciudad. El amor que se profesan está fundiendo paulatinamente sus almas hasta convertirlos en un sólo ser con un mismo corazón. Quizá el Presidente Vivas  ha hecho partícipe al Delegado del Gobierno de sus eficaces métodos para ser un personaje de rotundo éxito electoral. O los está copiando por su propia iniciativa. El caso es que el Delegado del Gobierno ya sabe que a los ceutíes se les puede engañar con tanta facilidad e impunidad, que la mentira se ha instituido como el discurso oficial por excelencia. El pueblo de Ceuta, acribillado por una sempiterna frustración y devenido en una masa amorfa sin criterio alguno, asume con insultante indiferencia cualquier atrocidad que provenga de las instituciones de poder. No queda el menor vestigio de rebeldía.

Prometer cuatro mil puestos de trabajo en una ciudad azotada duramente por el desempleo, creando falsas expectativas entre una población abatida por la necesidad, es una burla muy cruel. Una obscenidad impropia de una institución como la Delegación del Gobierno cuya actuación debe estar inspirada por el rigor, la seriedad y el respeto a la ciudadanía. En otras circunstancias (o en otro lugar) este hecho hubiera desencadenado una virulenta reacción ciudadana pidiendo responsabilidades ante tamaña desconsideración. Pero aquí todo se digiere con una pasmosa quietud muy próxima a la paz de los cementerios. Por eso el Delegado del Gobierno se permite el lujo de mofarse de los parados ceutíes.

La sociedad ceutí debería tomar conciencia de la inaplazable necesidad de someterse a un profundo rearme moral. Un pueblo incapaz de sentir colectivamente, y cuyo único valor apreciado es la egoísta persecución del confort material, carece de la fuerza y la ambición que permiten aspirar a grandes causas. Sólo perecedera mezquindad. La acción lenta, invisible e inexorable de los enemigos de Ceuta ha conseguido extinguir el espíritu de inconformismo, imprescindible para galvanizar la movilización social. En este tiempo, más que nunca, Ceuta necesita hombres y mujeres que sepan decir "no".

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