Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 20 de noviembre de 2008
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Profetas de la mentira
Juan Luis Aróstegui
Una de las ideas fuerza de la corriente de pensamiento conservador es la necesidad de recuperar un conjunto de valores esenciales que la sociedad moderna en general, y la juventud en particular, han perdido como consecuencia de lo que han denominado el "relativismo moral". Este sector de la opinión está políticamente representado por el PP. Espoleados por un ideario de origen cristiano (dicen), se han erigido en apóstoles de unos principios pretendidamente axiomáticos que deben regir la vida en común, descalificando con inusitada virulencia desde su atalaya de soberbia a quien ose cuestionar su infalible credo. Evidentemente, se trata de una visión absolutamente distorsionada de la realidad, caracterizada por un nefando cultivo de la nostalgia como negación del progreso. Pero lo que más llama la atención de este mendaz discurso es el cinismo de quienes lo promueven. El contraste entre las palabras y los comportamientos es insufrible. Las huestes de la causa reaccionaria en Ceuta, arremolinadas en torno a las siglas del PP y al Gobierno de la Ciudad, constituyen un perfecto paradigma de esta preclara pedagogía del cinismo. Porque, en efecto, desde su posición de poder hegemónico están contribuyendo decisivamente a pulverizar uno de los valores imprescindibles para articular un sistema de convivencia saludable: el respeto a la verdad. La mentira es un modo de corrupción intelectual universalmente sancionado. El código básico de la moral cristiana, tan celebrada por el PP, así lo establece expresamente en su apartado número ocho. El PP local se ha ido deslizando por una pendiente de decadencia que lo ha conducido al fango de la inmoralidad en el que actualmente chapotea alegre y orgulloso. Esta gente antes no era así. Es probable que estén embargados por una obsesión enfermiza por ganar elecciones tal, que los haya despojado de escrúpulos, y por ello se entregan con furor a la práctica de cualquier método que les pueda proporcionar un voto. También puede ser el efecto de la contaminación que ha supuesto la insólita repesca, e incorporación en puestos relevantes, de desechos de otras formaciones políticas de acreditada indecencia. Lo cierto es que se han convertido en auténticos profetas de la mentira. La semana pasada, el Consejo de Gobierno acordaba definitivamente los usos que tendrá la Manzana del Revellín. Posteriormente compareció en rueda. Su voz sonaba en la radio nítida y contundente: "nos encontramos con un uso comercial del cuarenta y nueve por ciento. Hemos conseguido dejar la superficie comercial en un ocho por ciento. Ha sido una tarea muy laboriosa llevada a cabo por este Gobierno con Juan Vivas a la cabeza". Respingo. Estupor. Es inconcebible tanta mentira sin nauseas. Es imposible competir con la portentosa amplificación mediática de los mensajes gubernamentales, aunque sean mentiras flagrantes. Pero es conveniente dejar, aunque sólo sea para el recuerdo, un sucinto relato de los hechos a modo de testimonio. Un mínimo tributo a la verdad. La única licencia de obras concedida a la empresa Manzana de Revellín, que permitía un uso comercial superior al cuarenta por ciento, fue otorgada por el Gobierno de Juan Vivas. Todavía resuena el memorable discurso (y foto) de la cúpula del PP durante el acto de la "primera piedra" del proyecto "poniendo la mano en el fuego" por los gilistas que pervirtieron la iniciativa para enriquecerse ilícitamente. El PSPC, en solitario, se opuso valientemente a aquel tremendo desaguisado interponiendo una acción judicial. El PP de Juan Vivas pleiteó hasta la extenuación, defendiendo el uso comercial de la parcela para los valedores del voto de censura que lo llevó al poder. Contrató, a precio de oro, a uno de los más prestigiosos gabinetes de abogados de España. De nada les sirvió. La licencia fue declarada ilegal por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. A pesar de lo cual Juan Vivas no se arredró. Ordenó que siguieran las obras y recurrió ante el Tribunal Supremo (más gastos sufragados por todos los ciudadanos). Aguantaron mientas pudieron. Hasta que el Supremo convalidó la sentencia de ilegalidad. El pánico ante la posibilidad (cierta) de ser demandado por desacato ha sido el único argumento que ha vencido la resistencia de Juan Vivas, obligándolo a modificar la licencia y ajustarla a lo dispuesto en el PGOU, de conformidad con el fallo judicial. Única y exclusivamente la determinación y la perseverancia del PSPC han salvado el proyecto de la Manzana de Revellín. Eso sí, soportando con entereza y dignidad todo tipo de calumnias, insidias, e insultos proferidos por los mentirosos que hoy presumen de lo que no hicieron.
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