Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 27 de noviembre de 2008
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Juego de pelotas
Juan Luis Aróstegui
 

Se define el presupuesto de una institución pública como "la expresión cifrada de la voluntad política de quien la gobierna". La configuración del presupuesto es una de las decisiones políticas de mayor importancia y trascendencia pues, no en vano, determina la aplicación de los recursos económicos aportados por todos los ciudadanos a la causa común. Sería lógico que los presupuestos se explicaran a la opinión con suficiente claridad. Nunca se hace así.

El Gobierno de la Ciudad ha aprobado el proyecto de presupuesto para dos mil nueve. Cincuenta mil millones de pesetas. Y lo ha dado a conocer, pletórico de cursilería, mediante una catarata de epítetos absurdos que pretenden atribuirle a un documento administrativo cualidades humanas. Ha dicho, entre otras cosas, que los presupuestos son prudentes. Es como decir que un botijo es temerario. O sea, una imbecilidad. Para rematar la faena, y quizá para acompañar adecuadamente la antológica foto del representante gubernamental con el  pen-drive entre los deditos y la mirada bobalicona, ha dicho que "son los únicos posibles". Una soberbia memez.

Evidentemente esta forma de proceder no es casual ni inocua, sino que obedece a la finalidad de evitar que los ciudadanos conozcan con exactitud el destino de sus impuestos. Una confusa maraña de números, entre la que se esconden auténticas barbaridades, queda resumida en pocas palabras de calculado impacto mediático que tienen la cualidad de no significar nada.

Para desentrañar la verdadera naturaleza de la política que está practicando el Gobierno de la Ciudad, es suficiente con analizar algunos gastos muy sintomáticos. En el nuevo presupuesto se sigue consignando la subvención al fútbol profesional. Después de haber soportado las reiteradas apelaciones a la crisis, al ahorro, a la prudencia, y al carácter social de la política presupuestaria,  resulta que la partida presupuestaria dedicada a este fin se incrementa en más del seis por ciento, superando, ya, los trescientos sesenta millones de pesetas. De ellos, a la Asociación Deportiva Ceuta se le asignan doscientos sesenta y cinco millones, lo que unido a los fondos soterrados procedentes de otras triquiñuelas y empresas municipales, sitúa la subvención total en trescientos millones de pesetas. Para tener una idea aproximada de la dimensión relativa de esta aportación, basta con decir que es una cantidad superior a la que el ayuntamiento destina a atender a todas estas asociaciones juntas: FEAPS (rehabilitación e integración de enfermos psíquicos), ADEN (enfermos neurológicos), Asociación Síndrome de Down, APASCIDE (integración del colectivo de ciegos), ACEFEP (atención y asesoramiento de familiares de enfermos psíquicos), COCENFE (apoyo a incapacitados físicos), ALCER (atención a enfermos renales), ALZHEIMER AFA (apoyo a familias con enfermos de Alzheimer a su cargo), ACEPAS (integración y elevación de calidad de vida de los sordos), Asociación Fibromialgia, Asociación Parkinson y Lucha contra el cáncer. Cabrían otras muchas comparaciones igualmente hirientes. Se trata de una perfecta ofensa al interés general y a la sensibilidad social.

A pesar de ello, el Presidente de la Ciudad sigue obstinado en mantener este gasto superfluo donde los haya, para financiar a un equipo profesional, que milita en la tercera categoría, sin la menor incidencia en la formación de futuros deportistas, y con notorio desprecio a los valores de la cantera ceutí (diseminada por Valladolid, Almería, etc). Quizá la explicación se encuentra en el modelo de gestión del club millonariamente financiado. Mientras que a todas las asociaciones y entidades subvencionadas, como es legal y razonable, se les realiza un exhaustivo control de sus gastos y se les exige el estricto cumplimiento de las normas laborales; la peculiar empresa futbolística disfruta de absoluta libertad para gastar los fondos públicos sin tener que rendir cuentas de ninguna clase, y se le consiente el quebrantamiento impune de la legalidad. La Junta Directiva no arriesga capital propio ni es elegida por la masa social. No deben acreditar preparación, mérito o capacidad alguna. Es nombrada directamente por el Presidente de la Ciudad, bajo la condición de que cumplan rigurosa y escrupulosamente su voluntad. Actúan como meros "hombres de paja". Así, el Presidente de la Ciudad lo es también de "su club" en la sombra. Impone su criterio, su opinión y su interés por encima de cualquier otra circunstancia. El decide a quien y cómo se contrata. De quien y como se prescinde. Cuando los resultados deportivos acompañan, se pavonea, ocupa todos los medios informativos haciendo de técnico, de forofo, y de directivo. Cuando las cosas van mal, como siempre, se oculta alegando que es una entidad privada que nada tiene que ver con él. Los directivos, ejerciendo de fantasmagórica cohorte de pelotas, le siguen el juego con el indigno argumento de que "quien paga manda" y no se puede incomodar a tan magnánimo benefactor. 

El Presidente de la Ciudad, a través de terceros interpuestos disfrazados de directivos, se divierte con su costoso y particular juguetito. Un capricho (y una baza electoral) que le cuesta a la Ciudad trescientos millones de pesetas anuales. Que, por supuesto, se dejan de invertir en crear empleo, en paliar el fracaso escolar o en potenciar los servicios sociales. Pero eso es lo de menos. Lo importante es repetir hasta la saciedad, por todos los medios posibles y con cara de buena persona, que el presupuesto es muy social.

 

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