Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 6 de noviembre de 2008
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Fanatismo
Juan Luis Aróstegui
Un ingenioso aforismo define el fanatismo como "aquel estado de ánimo que conduce a redoblar los esfuerzos para conseguir unos objetivos que se han perdido de vista". La definición describe con asombrosa precisión la actitud del Gobierno de la Ciudad en relación con el mal llamado "Campus Universitario". El PP ha decidido convertir este inmaduro proyecto en un icono de su gestión, acaso con la intención de salvar esta aciaga legislatura. Han anunciado con furiosa solemnidad que llevarán a cabo esta inversión en cualquier caso y circunstancia. Tan irracional obstinación sólo se puede concebir en clave de interés partidista. Porque, obviamente, una iniciativa en el ámbito universitario que no cuente con el indispensable consenso con el Ministerio de Innovación y Ciencia y la Universidad de Granada es una estupidez. El Gobierno de la Ciudad, acreditado experto en mercadotecnia política, ha creído encontrar una idea atractiva y deslumbrante, y la blande ante la opinión como una aportación decisiva para la modernización definitiva de Ceuta. Se desgañita repitiendo hasta el hartazgo, desde sus múltiples plataformas mediáticas y a modo de consigna, la imperiosa necesidad de construir un "Campus Universitario", induciendo a pensar, falazmente, que así va a resolver el gravísimo problema de la enseñanza universitaria en Ceuta. Pero no explica qué pretende albergar en tan compleja edificación. Porque si el único objetivo es trasladar a un nuevo edificio las escuelas ya existentes, la actuación carece de sentido, tanto por su elevado coste, como por los usos alternativos a los que se renunciaría (en el propio ámbito educativo existen otras posibilidades de gran interés y rentabilidad social). Lo razonable sería, antes de proyectar el emplazamiento y las instalaciones, definir el modelo de universidad que se puede adaptar, con eficiencia y eficacia, a las necesidades reales y a las posibilidades objetivas de Ceuta. Este es un debate previo, e insoslayable, en el que es fundamental la participación de los profesionales especializados, y en el que es preciso sustraerse a la tentación de la demagogia fácil. Porque Ceuta no puede ir siempre a contracorriente. A este respecto, es necesario hacer constar que el modelo universitario español desarrollado a partir de la década de los ochenta, basado en la proliferación ilimitada y desordenada de facultades y escuelas, está sumido en una profunda crisis y, lógicamente, en proceso de revisión. Los datos estadísticos más recientes infunden una abrumadora preocupación. Ninguna universidad española figura entre las cien mejores del mundo. La población universitaria se reduce cada curso. El índice de empleabilidad de los titulados universitarios desciende alarmantemente. La diferencia salarial entre los licenciados y quines carecen de formación se estrecha paulatinamente. En este escenario, dominado por una ostensible sensación de obsolescencia, la reflexión se orienta más hacia la búsqueda de la excelencia que a un incesante incremento de la oferta, que termina devaluando indefectiblemente la calidad de la enseñanza. El desajuste entre oferta y demanda ya es indisimulable. Y el inminente cierre (o reconversión) de muchos centros, también. El tratamiento de la enseñanza universitaria en Ceuta es necesario incardinarlo en un contexto de futuro, y no fundamentarlo en los antecedentes de un modelo prácticamente extinto. La potencial población universitaria ceutí se sitúa en torno a los doscientos alumnos y alumnas anuales. De este colectivo es preciso descontar a quienes optan por otras alternativas, ya sean académicas o laborales, y aquellos (de rentas elevadas) que eligen universidades (privadas o públicas) en función del prestigio de la institución. Del escaso número resultante se nutriría una hipotética universidad local. La lógica dispersión, por aplicación del factor vocacional, deja cada carrera en unas cifras de matrícula ciertamente ridículas, que hacen inviable el proyecto en su conjunto. Sería más rentable becar íntegramente los estudios en otras universidades, incluyendo gastos de estancia y manutención. El único planteamiento realista, tanto desde el punto de vista docente como económico, es el diseño de un modelo singular, versátil y flexible, que, integrando adecuadamente los componentes actuales (Universidad a Distancia, Ministerio de Ciencia y Universidad de Granada), permita ofertar las carreras más demandadas en modalidad presencial y garantizar la diversidad con otras especialidades a distancia; además de complementarlo con una política de becas ambiciosa para atender casos específicos. Una tarea impensable para políticos miopes y perezosos que están acostumbrados a caminar siempre por el lado fácil de la vida.
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