Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 16 de octubre de 2008
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El Pucherazo
Juan Luis Aróstegui
 

Según se desprende de la información aportada por el máximo responsable del PSOE en Ceuta, la profunda y prolongada crisis de esta formación política se va a resolver de  la peor manera posible. Mediante un pucherazo. Un método mafioso, no ya radicalmente contrario a los fundamentos de la ideología socialista,  sino incluso visiblemente alejado del más elemental respeto a los principios sustantivos de la democracia. Resulta incomprensible el empecinamiento que muestran en certificar la defunción de la izquierda en Ceuta quienes, paradójicamente, se ufanan de ser sus redentores.

Los responsables de administrar con inteligencia, pericia y altura de miras la anómala coyuntura por la que atraviesa la izquierda local, no deberían ignorar ninguno de sus factores desencadenantes, ni obviar ninguna de sus circunstancias determinantes. Los diferentes vectores que pueden impulsar la unidad de la izquierda han asumido, por sentido de la responsabilidad y en aras a potenciar la reflexión para crear unas condiciones apropiadas, un voluntario letargo que no se puede confundir, en modo alguno, con la disipación. En el fuero interno de este espacio ideológico fluye una efervescente actividad intelectual de vigorosa fertilidad a punto para su irrupción, aunque de forma, aún, por definir.

Existe la creencia, muy extendida, de que estamos ante una oportunidad irrepetible de construir un nuevo proyecto político fundamentado en los postulados progresistas, integrador, solvente, nítidamente identificable por la ciudadanía; generador de ilusión y confianza,  y capaz de disputar a la derecha su insultante hegemonía actual. El PSOE es la piedra angular de esta apasionante iniciativa. Sin su concurso se trataría de otro concepto. Por ello, todas y cada una de sus decisiones condicionan el proceso subsiguiente y despiertan tanta expectación.

Los pensadores del PSOE (acaso huérfanos de perspectiva o incorrectamente mediatizados) se enfrentan a una disyuntiva sin margen de error. Pueden elegir la vía ambiciosa, valiente y arriesgada de la integración (aunque se module el proceso en varias fases), buscando un ámbito de entendimiento programático en el que confluyan todas las tendencias internas y las demás fuerzas políticas con afinidad ideológica. Alumbrarían una alternativa transformadora y atractiva con proyección de futuro. La otra opción, inspirada por un sentido minimalista de la acción política, es la reconstrucción de una insignificante organización similar a la disuelta, sin arraigo en el tejido social y sin discurso propio, cuya única función sea ejercer de terminal informativa de unas siglas centralizadas; y proceder al reparto de cargos cuando corresponda. Para poner en marcha este segundo plan, cuantos menos sean, y más amigos, mejor. Tras un año de silencio y contrición, supuestamente dedicado a meditar sobre la fórmula idónea para refundar el partido, el tutor asignado por control remoto se ha mostrado públicamente partidario del segundo planteamiento. Quizá en la convicción de que es más sencillo, cómodo y prudente. Craso error. Porque, además de implicar la renuncia a la vocación de partido mayoritario que le es inherente, si llegara a materializarse no sería, ni mucho menos, un camino de rosas.

A este respecto, es necesario recordar que el PSOE en Ceuta fue disuelto cuando la dirección federal tuvo conocimiento de que la línea oficial, caracterizada por su rotunda oposición a abrir el partido a la sociedad, había quedado en minoría. La situación es tan extraña que ni siquiera se conocen con exactitud los términos de la disolución. Según el criterio inicial, todos los militantes han sido expulsados; pero según lo manifestado en el juzgado, para evitar una más que probable condena por vulneración de derechos fundamentales, todos siguen disfrutando de una militancia en suspenso que deberá ser reactivada obligatoriamente cuando el partido resucite. Primer galimatías. De cualquier forma, lo que es evidente es que las personas no han sido disueltas (no por falta de ganas). Siguen existiendo. Y siguen pensando... igual. ¿Cómo sortear esa mayoría que, en caso de participar, votará previsiblemente en contra de la intención del núcleo duro de los oficialistas? El único procedimiento para conformar un cuerpo electoral ajustado a sus pretensiones es practicar una depuración previa. Sistema ancestral de uso muy generalizado en los regímenes corruptos. Sólo votarán aquellos que con anterioridad hayan manifestado su voluntad de votar en consonancia con las directrices del poder establecido. Pero no será una maniobra incruenta. Los agraviados, lesionados en sus derechos básicos, cargados de razón y curtidos en muy duras batallas, organizarán la resistencia; y se abrirá un nuevo periodo convulso que lastrará toda posibilidad de regeneración.

En el supuesto de confirmarse la errática decisión anunciada, el escenario inmediato es fácil de prever. El nuevo PSOE, reducido a la mínima expresión, atrincherado en la Delegación del Gobierno, defendiendo sus cargos con uñas y dientes. Los disidentes, fieles a los principios traicionados, pergeñando estrategias para volver a introducirse en el partido y restablecer la democracia. La izquierda, fragmentada y débil, compitiendo ferozmente entre sí por las migajas de un electorado compartido. Mientras tanto, la derecha, controlando férreamente todos los medios de comunicación, presionando hasta la asfixia a la sociedad civil con la perversa utilización de los fondos públicos, y blandiendo la mentira como infalible arma electoral; se pavonea sin rubor de su exultante mayoría absoluta que aspira a perpetuar ante la falta de rival. Eso es lo que está en juego.

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