Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 11 de septiembre de 2008
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El Convenio
Juan Luis Aróstegui
El pasado día dos, efemérides aun ignota para la inmensa mayoría de los ceutíes, se volvió a celebrar el "Día del Gobierno de Ceuta". Lo que se concibió con la idea de reforzar la identidad colectiva del pueblo de Ceuta, ha quedado reducido a un acto más de estéril propaganda gubernamental. Las asociaciones y entidades de diversa índole, representativas de la sociedad civil, que deberían desempeñar un papel destacado en la conmemoración, actúan como meros figurantes que aplauden a cambio de un bocadillo y una consumición (evidentemente gratis). La ciudadanía disfruta de un puente, en una fecha inoportuna e inapropiada, ajena al significado político de la libranza. Este año el Gobierno decidió homenajear a la Comunidad Autónoma Andaluza. Su Presidente intervino como protagonista estelar, pronunciando un discurso plagado de apelaciones al afecto y el cariño por esta tierra, y enfatizando el ánimo de colaborar en plano de igualdad con Ceuta. Nuestro Presidente correspondió dedicándole su rutinario y manido inventario de lisonjas. Repentina y emotiva comunión institucional. Pero claro, si tenemos en cuenta que Manuel Chaves preside la Junta de Andalucía desde hace dieciocho años, la credibilidad del mensaje se resiente considerablemente. Los ceutíes nunca han recibido un trato digno de Andalucía. Baste como ejemplo observar la forma en que somos atendidos (desatendidos) en la estación marítima de Algeciras. No hay razón alguna para pensar que se va a hacer ahora lo que no se hizo antes. Pero podemos aceptar, investidos de candidez e ingenuidad, que Chaves ha tardado casi dos décadas en reparar que al otro lado del Estrecho sigue estando Ceuta. Y que sus intenciones son sinceras. Nunca es tarde para una buena causa. La sustantividad política de este inopinado hermanamiento giraba en torno a un Convenio de colaboración entre la Junta de Andalucía y la Ciudad Autónoma de Ceuta, en el que debían quedar materializados sus efectos prácticos. Así se fue difundiendo reiteradamente por el Gobierno en las fechas previas. Como sucede con cualquier ocurrencia que tiene su origen en el despacho del Presidente, el abuso informativo fue convirtiendo el Convenio en el acontecimiento del siglo. A fuerza de magnificar, el Convenio iba adquiriendo, por momentos, la forma de piedra filosofal. Un hito capaz de cambiar la historia. A pesar de las constantes requisitorias de los periodistas, sólo se avanzó discretamente que versaría sobre educación, sanidad y política social. Era un secreto inexplicablemente guardado con sumo celo. Máxima expectación. Llegó el día. Los dos Presidentes imbuidos de la solemnidad propia de las grandes ocasiones, y henchidos de la felicidad que infunde estar ante una cita irrepetible, procedieron a la firma del esperado, y ya incluso anhelado, Convenio. ¡Por fin se desveló su contenido! El Convenio plasma la voluntad de ambas instituciones de suscribir Convenios. Demasiado parecido al celebérrimo gag de Groucho Marx ("la parte contratante de la primera parte...") para tomárselo en serio. Pero así fue. ¡El Convenio está vacío! Ahora dicen que lo van a rellenar, para lo que ya han anunciado que se constituirán las consabidas comisiones técnicas fantasmas. Esas que mueren antes de nacer. El Presidente hace tiempo que llegó a la conclusión de que los ceutíes somos todos rematadamente idiotas. Debe estar en lo cierto, porque él actúa en consecuencia cosechando excelentes resultados electorales. Pero hasta esa convicción debería tener un límite. El montaje de hipnosis colectiva que tiene organizado es una absoluta falta de respeto a la condición intelectual de los habitantes de esta Ciudad.
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