Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 14 de agosto de 2008
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Un premio pequeño
Juan Luis Aróstegui
 

El fenómeno denominado globalización está transformando radicalmente los fundamentos de la sociedad moderna. La existencia de realidades uniformes e independientes que se interrelacionaban entre sí en diversos ámbitos previamente pactados, está dando paso, lenta pero inexorablemente, a la configuración de un cuerpo social único y universal del que todos los habitantes del planeta son partícipes. Estamos en una fase aún incipiente de este complejo proceso caracterizada por lo que se ha dado en llamar la "fusión de culturas"; lo que explica que el tratamiento dispensado a los imparables y crecientes flujos migratorios se haya convertido en el problema político por excelencia en todo el mundo civilizado. Todas las reflexiones ideológicas de este siglo, superado el debate económico y político tradicional, se centran en determinar los principios y valores sobre los que debe descansar este ambicioso e incierto proyecto de la humanidad para hacerlo posible.

En este contexto de cambio vertiginoso presidido por la incertidumbre, la convivencia, entendida como concepto social, emerge con inusitada fuerza como factor clave del nuevo orden. Convivir no es sólo vivir en compañía de otros, sino que implica compartir anhelos, ilusiones y emociones, empatía mutua y un fuerte sentimiento de solidaridad intergrupal. Practicar la convivencia entre individuos identitariamente homogéneos es relativamente sencillo; pero hacerlo desde la diversidad se torna una auténtica utopía, entre otras razones, porque no estamos educados para ello. No es fácil romper el rígido esquema mental que nos ha ido haciendo inopinadamente ricos a la vez que ferozmente egoístas e inmisericordemente excluyentes.

Ceuta, por sus peculiares condiciones étnicas y demográficas, está situada anticipadamente en el futuro, lo que nos convierte en un pequeño laboratorio de ensayo sobre las pautas a seguir para cohesionar adecuadamente modos de vida diferentes en una realidad social única. No es exagerado decir que la convivencia es el gran reto de Ceuta y de los ceutíes en lo inmediato.

Por este motivo, la instauración del Premio Convivencia fue una magnífica iniciativa política que atendía a tres objetivos. Contribuir (modestamente)  a impulsar la convivencia como un valor social predominante en nuestro país. Contrarrestar la imagen negativa que habitualmente se difunde de nuestra Ciudad. Promover entre la ciudadanía ceutí, en especial entre la juventud, la importancia de fortalecer los lazos de convivencia en nuestra Ciudad como un objetivo prioritario de todos. Para ello, el Premio Convivencia debía ser algo grande. Impactante. Debía tener suficiente resonancia a nivel nacional y cobrar arraigo en la población local, a la que era obligado implicar en este acontecimiento. Transcurrido el tiempo, todas la expectativas se han desvanecido.

Hace pocas semanas se hizo entrega del Premio Convivencia correspondiente al año dos mil siete. Relevancia cero. Ni rastro en los medios de comunicación de ámbito nacional. Ni siquiera mereció la portada del diario local. La inexpresiva foto de siempre. Es exactamente igual que se entregue el galardón de reina infantil de las fiestas que el premio convivencia, o cualquier otro acto organizado o patrocinado por el Ayuntamiento. Los mismos de siempre haciendo lo de siempre. El Gobierno del PP también ha hecho añicos el Premio Convivencia. Embargados por una enfermiza obsesión por monopolizar en su beneficio todo cuanto sucede en la Ciudad, han desplazado a la sociedad civil sustituyéndola por una restringida cúpula que ejerce un atosigante dominio sin más sentido ni aspiración que su propio engreimiento. Un Gobierno miope en grado superlativo, incapaz de abordar ninguna empresa con un mínimo de grandeza, ha convertido el Premio Convivencia en un premio pequeño vaciado por completo de contenido. Para hacerlo así, es mejor suprimirlo.

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