Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.

Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves.







El Dardo de los Jueves
Ceuta, 21 de agosto de 2008
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Cincuenta millones de euros
Juan Luis Aróstegui
 

Los juegos olímpicos constituyen el referente de universalidad por excelencia. Ningún otro acontecimiento concentra un mayor grado de participación, implicación e interés entre la población del planeta. Esta deslumbrante manifestación trasciende a su dimensión estrictamente deportiva para convertirse en una majestuosa exaltación de valores comunes a todas las civilizaciones y culturas. El espíritu de permanente superación como indeleble seña de identidad, la preeminencia del esfuerzo constante y el sacrificio individual y colectivo como infalibles motores de progreso, el exquisito respeto al adversario y la profunda admiración por la diversidad de la especie humana, configuran un hermoso acervo de cualidades unánimemente reconocidas y estimuladas. No es extraño que durante la celebración de las olimpiadas el deporte ocupe el primer plano de la actualidad, siendo motivo de atención preferente para la opinión pública. Quizá por ello sea un momento idóneo para reflexionar sobre la política deportiva que se desarrolla en nuestra Ciudad.

En Ceuta existe una tremenda afición al deporte, además de unas innegables condiciones naturales para su práctica, como ha quedado suficientemente acreditado a lo largo del tiempo. Y sin embargo, tan enorme caudal de vocación y entusiasmo se encuentra completamente desaprovechado. Carente de las estructuras orgánicas y funcionales mínimas, y desprovisto de las instalaciones más elementales, el deporte en Ceuta está siendo irresponsablemente maltratado.

No se puede comprender que una Ciudad en la que las distancias son insignificantes, y en la que la jornada escolar (continua de mañana) facilita la práctica de actividades vespertinas, sea incapaz de organizar los juegos escolares, que no sólo tienen la virtualidad de ser un primer vivero de futuros deportistas, sino que además supone una magnífica oportunidad para promover la convivencia y sus valores inherentes entre la juventud.

No se disputan competiciones provinciales de ninguna disciplina (a excepción del fútbol), por ausencia de clubes. Las federaciones, lejos de promocionar el deporte mediante la  creación de equipos y la organización de campeonatos internos que motiven a los practicantes, viven acomodadas en una inercia decadente, sin más ambición que gestionar sus propios intereses. Es especialmente llamativo que en una Ciudad rodeada de mar no se celebren campeonatos de natación, o que la inversión de centenares de millones de pesetas en un equipo profesional de balonmano no haya servido para generar una mínima cantera. Otro dato para el inventario de curiosidades: ¿Cómo es posible que en Ceuta no haya campeonato de fútbol-sala con la afición de la que goza? Podríamos seguir así indefinidamente. Como muy honrosas excepciones es justo destacar el trabajo de algunas personas que, exhibiendo un prodigioso derroche de generosidad, encarnan y soportan proyectos deportivos  de extraordinario mérito. Pero incluso en estos casos, lo hacen viéndose impelidos a sortear los obstáculos y zancadillas que una administración incompetente y desdeñosa les pone continuamente.

Por otro lado, las enseñanzas de las técnicas específicas de cada especialidad, vitales para la formación y progreso del deportista, han sido encomendadas, por inhibición del ICD, a monitores aficionados de inquebrantable voluntad pero de escasa formación técnica y didáctica, que desarrollan labores de cuidadores más que docentes. Ningún chaval puede aprender si no se le sabe enseñar. Al ICD lo han convertido en un organismo inútil, sin objetivos ni planificación, cuya única función es organizar eventos más lúdicos que deportivos sin otra aspiración que rellenar páginas de simpáticas fotografías en los periódicos.

En el capítulo de infraestructuras el balance no resulta mucho más alentador. No disponemos de pista de atletismo, a pesar de que, puntualmente cada año, el Gobierno construye una. Los jóvenes corren sobre el asfalto o sobre una denigrante pista pedestre prestada por el ejército. A penas dos campos de fútbol (el tercero es de uso privado) y dos polideportivos utilizados, casi en horario completo, por los clubes de elite que nos representan (dicen). Poco más.

Esta lamentable situación del deporte local se podría justificar, en todo caso, por la falta de presupuesto, alegando que se cubren otras necesidades de mayor prioridad. Pero no es así. Desde que Juan Vivas gobierna el Ayuntamiento, se han despilfarrado en deporte, sólo en gastos corrientes, en torno a cincuenta millones de euros. ¿En qué se ha invertido tan fabulosa cantidad? El deporte se ha convertido en otra víctima de la política del PP basada exclusivamente en el interés electoral. Según su mezquino criterio, lo que les resulta rentable es subvencionar el fútbol profesional para que el Presidente (con su inseparable cohorte) se pasee por todos los estadios y estudios televisivos exhibiendo sus dotes de comentarista, entrenador y hooligan impenitente, en busca de votos. Mientras, los potenciales talentos, autodidactas por obligación, tendrán que esperar, emigrar o renunciar.

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