Juan Luis Aróstegui Ruiz es Licenciado en Económicas. Director del IES Puertas del Campo, Secretario General de la Unión Provincial de Comisiones Obreras en Ceuta (CCOO) y Fundador del Partido Socialista del Pueblo de Ceuta (PSPC) del que actualmente es Coordinador de Política Municipal. Fue concejal y diputado de la Asamblea de la Ciudad de Ceuta entre 1.987 y 1.999, ostentando el cargo de Concejal de Economía y Hacienda entre Octubre de 1.988 y Mayo de 1991 en el Gobierno de PSOE-PSPC-CDS.
Columnista semanal de "El Faro de Ceuta" desde el año 2.001, con una sección titulada "El Dardo de los Jueves", donde da su visión sobre temas políticos y socialres, de actualidad o con repercusión en nuestra Ciudad. En el año 2.002 publicó un libro "Ceuta, a corazón abierto", en el cual se mostraba una selección de esos escritos publicados cada Jueves. |
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El Dardo de los Jueves
Ceuta, 10 de julio de 2008
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Distante unidad
Juan Luis Aróstegui
El PSOE ha celebrado su trigésimo séptimo congreso nacional sin representación de Ceuta. Es un evidente síntoma de la propensión histórica de nuestra Ciudad a vivir instalada en la anomalía. Sólo así se puede valorar el hecho de que el partido que ostenta la mayoría parlamentaria en nuestra país y sustenta el Gobierno de la Nación, no exista en Ceuta. Hace diez meses que el Partido Socialista de Ceuta, federado en el PSOE, fue disuelto por causas nunca suficientemente explicadas, aunque perfectamente intuidas. A pesar de ello, una confusa y difusa dirección impuesta ha pretendido dar continuidad al funcionamiento de la entidad fingiendo normalidad. El origen de esta situación no es insólito. En todas las organizaciones democráticas se pueden producir crisis de mayor o menor profundidad que requieren un proceso de reestructuración organizativa e incluso redefinición ideológica o estratégica. Lo que ocurre es que estos periodos, de obligada interinidad, se reducen al mínimo imprescindible para garantizar que el conjunto de los afiliados esté en condiciones de asumir su irremplazable protagonismo. Sin embargo, en el caso del PSOE ceutí, el vacío se prolonga indefinidamente ante la satisfacción de quienes lo provocaron y el aval de quienes los protegen. A pesar de que se ha disipado la emergencia, se hurta a los militantes su inalienable derecho a militar. Es el paradigma de la antidemocracia. El cuerpo afiliativo suplantado por una élite sin legitimidad alguna. El único argumento expuesto por el PSOE, de una debilidad pavorosa, es la adecuación de las decisiones a las previsiones estatutarias. Dejando al margen el debate jurídico (es muy discutible que a un se le pueda dar el tratamiento de agrupación a lo que hasta ahora se había considerado un partido federado, por un imperceptible detalle técnico), lo que está meridianamente claro, es que desde una perspectiva estrictamente política lo que está sucediendo es absolutamente inmoral. La perpetuación consentida de un régimen de funcionamiento en el que los militantes son prescindibles, sólo admite interpretaciones especialmente lesivas para el sistema en general, y para los socialistas en particular. Supone la negación de la razón de ser de los partidos políticos, definidos por la Constitución como los cauces de participación política. Vulnera el principio esencial de la democracia, al cercenar la libre y activa participación de los sujetos en el gobierno de las instituciones. En la peor de las versiones posibles, se podría llegar a deducir que el PSOE ha optado por trasladar a su fuero interno, en consonancia con su particular visión de Ceuta, un modelo de tipo colonial con dirección remota centralizada, privando a los nativos de la elemental capacidad de autoorganización. Esta extravagante situación no agota sus consecuencias en el ámbito interno. La proyección externa tiene también efectos nada desdeñables. Coincidiendo con el inicio de la nueva legislatura se creó un clima muy favorable hacia la unidad de la izquierda. Tras un infinito periodo de dudas, enfrentamientos, discrepancias y desencuentros, emergió con fuerza la convicción casi unánime de que había llegado el momento de cambiar la turbulenta historia de la izquierda en Ceuta. Al PSOE, por su naturaleza y posición, corresponde liderar el proceso de unidad. Sus movimientos están siendo observados con atención e interés por una izquierda ansiosa y expectante. De momento, diez meses de tremenda decepción. No sólo no han avanzado lo más mínimo en la creación de las condiciones precisas para propiciar el acercamiento de otros partidos o personas; sino que están favoreciendo la división entre las dos facciones del PSOE enfrentadas antes de la disolución. Desde los mecanismos de poder que controla la dirección postiza están promocionando a los afectos, sosteniendo a los ambiguos, y laminando a los disidentes. Resulta extraña y sumamente contradictoria esta estrategia de unidad, que consiste en abundar en la separación de lo que, lógicamente por proximidad, debería ser más fácil unir. Sería lamentable que al final, todo este esperanzador proceso se redujese a una infame maniobra de una minoría sectaria carente de escrúpulos, para expulsar y/o domeñar a la mayoría en beneficio propio. Un mal epitafio para la unidad de la izquierda marchita antes de nacer.
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